Sujarchuk: una década que divide aguas

Se cumplen diez años del primer día de gestión del intendente Sujarchuk. Para algunos, el jefe comunal se ha convertido en un hacedor de obras monumentales, un dirigente que dejó una marca indeleble en el distrito —sobre todo si se lo compara con la administración de su predecesor, Sandro Guzmán—. Para otros, situados en el extremo opuesto, su figura encarna la falta de transparencia, el despilfarro, el populismo y ciertos rasgos de despotismo.

En estas horas, mientras un sector celebra junto al jefe comunal su década al frente del municipio, otro anhela verlo retirarse dentro de dos años, siempre y cuando no prospere la modificación que habilitaría una nueva re-reelección de intendentes en la Provincia de Buenos Aires.

En un mensaje público, Sujarchuk se definió a sí mismo con énfasis: “Estamos orgullosos por todo lo realizado, pero mantenemos la humildad ya que sabemos todo lo que falta por hacer. Desde hace 10 años estamos construyendo juntos y entre todos, el futuro que siempre soñamos. Y para hacerlo, fuimos contra la corriente y el viento de frente: dejamos atrás un Escobar en el que no había nada y construimos un Escobar que hoy es vanguardia en infraestructura, seguridad, salud, educación, inclusión social y producción”.

A continuación enumeró una extensa lista de obras que, para muchos, son visibles y contundentes, y para otros provocan apenas una sonrisa irónica: «Tenemos números récord en nuevos asfaltos, pavimentos, estabilizados, alumbrado LED y ampliación de las redes de agua corriente, cloacas y gas. También creamos nuestra Policía Municipal y construimos el Centro de Monitoreo más moderno e innovador de toda la Provincia. Alcanzamos la tasa de mortalidad infantil más baja de la historia. Nos convertimos en el único municipio de la Argentina que administra todos los niveles educativos y hace unos meses anunciamos inversiones millonarias para generar 4 mil empleos en los próximos años. Todo esto es porque dejamos atrás el Municipio analógico y burocrático y nos convertimos en un Estado Dinámico, Ágil, Sencillo y Eficiente”.

Sujarchuk está convencido de que su gestión quedará registrada como la mejor que haya tenido Escobar y atribuye a motivos “personales” las críticas que recibe. No es un hombre de espíritu plenamente democrático: está persuadido de que sus obras no merecen el menor cuestionamiento y, lejos de las cámaras, puede mostrarse implacable con quienes disienten.

Entre quienes lo aplauden y quienes lo interpelan, entre quienes lo imaginan continuando y quienes desean su despedida, el intendente transita su década de gobierno como un personaje que escribe su propia versión de la historia. Y como ocurre con toda historia en construcción, será el tiempo —y la memoria colectiva— quien determine cómo habrá de contarse este capítulo.