Más vigilancia y participación vecinal, la apuesta oficial para combatir la mugre

Que la mugre se ha instalado en Escobar y que nadie —o al menos no lo suficiente— hace algo efectivo para revertirlo, es una realidad que salta a la vista.
Que existe una minoría que arroja basura en cualquier rincón, también lo es.
Y que el Municipio no logra neutralizar a los infractores ni sostener campañas permanentes de limpieza, constituye otra verdad incómoda.

En este contexto, el intendente  Sujarchuk asegura ahora que los delitos contra el ambiente y la convivencia serán combatidos. Anunció que se sumarán «puntos de vigilancia las 24 horas en puntos estratégicos» y que continuarán aplicándose «multas millonarias para erradicar la creación de basurales y microbasurales».

Sin embargo, el propio mensaje deja entrever cierta fragilidad en la estrategia oficial. El jefe comunal convocó a “sumar los ojos y oídos de los habitantes de nuestra ciudad” y pidió a los vecinos que, si ven a alguien arrojando basura, «tomale la patente, decinos dónde lo ves. Si podés, sacales fotos o grabalos».

Es decir: los vecinos convertidos en inspectores improvisados. ¿Y qué lugar ocupa, entonces, el DASE, ese Estado “dinámico, ágil, sencillo y eficiente” que el intendente suele pregonar?

Escobar cuenta con miles de empleados municipales y con las herramientas necesarias —entre ellas, cámaras de seguridad— para fiscalizar y sancionar sin depender de que un ciudadano deba oficiar de fotógrafo y denunciante. Que un vecino lo haga por iniciativa propia es comprensible; que el Estado lo proponga como engranaje central de su política de control, cuanto menos, merece discusión.

El intendente convocó a canalizar las denuncias a través del chatbot Flora (WhatsApp 11 6813-1202) o del sistema “Ojos y Oídos en Alerta” (www.escobar360.gob.ar), con el argumento de “identificar y sancionar a quienes contaminan nuestra casa común”.

La paradoja es evidente: basta recorrer los comentarios en su propia cuenta de Facebook para encontrar denuncias reiteradas, con direcciones precisas y relatos detallados. No hay silencio ciudadano. Y, sin embargo, no son pocos los vecinos que aseguran haberse cansado de denunciar ante los múltiples canales municipales: UGC, Atención al Vecino, el propio chatbot Flora y otras dependencias.

Si las quejas se acumulan y los basurales persisten, el problema ya no parece ser la falta de aviso. Tal vez el intendente debería advertir que algo no está funcionando en la estructura que conduce.

Mientras tanto, la mugre no debate. Se acumula.

Basta recorrer las redes sociales para encontrar un mapa espontáneo de la desidia:

  • En el barrio Phillips, denuncian los reiterados incendios en el basural de Da’Cunto, con humo persistente y riesgo para los bomberos.

  • En distintos barrios, los cestos municipales no se vacían correctamente: se retiran las bolsas, pero queda basura dispersa.

  • En la esquina de Fructo González y Jujuy, en Las Lomas, abandonaron hasta sommiers.

  • En Los Naranjos (Ingeniero Maschwitz), sobre la calle Andrade, junto al Club Las Clavelinas, camionetas descargan muebles y electrodomésticos como si fuera un vertedero habilitado.

  • En Villa Angélica, según relatan vecinos, “en todas las esquinas tiran basura constantemente”.

  • En Uruguay y Almafuerte, la acumulación sería diaria.

  • En José Hernández y Las Heras, en Garín, un terreno baldío se ha convertido en depósito clandestino.

  • La Ruta 26, camino al dique, es señalada como un basural a cielo abierto.

  • En Galileo y Belgrano —y también en Belgrano y Dudero— la escena se repite cada día.