¿Hasta cuándo?

Ya lo hemos señalado en más de una ocasión: los Puntos Verdes (PV) —esos sitios que debieran ser sinónimo de orden, conciencia y cuidado colectivo— se han convertido en uno de los grandes problemas ambientales y sociales del Partido de Escobar. La ecuación es siempre la misma: la suma de personas absolutamente inescrupulosas, incapaces de comprender lo que significa vivir en comunidad, más una gestión municipal que no encuentra la forma, la decisión o el rigor para poner fin a esta realidad que se agrava día tras día.

El PV que vemos en la fotografía es, lisa y llanamente, vergonzoso. Un domingo por la tarde, en la entrada misma del barrio El Cazador, la postal es elocuente: montañas de residuos desparramados, frente a un portón cerrado, de un PV que la comuna instaló allí sin preguntar, sin analizar consecuencias, sin escuchar a quienes viven en el barrio. “Entre esa montaña hay basura común”, señala un peatón que se detuvo unos segundos, atónito, ante el desorden.

No siempre fue así. Hace varios años, un pequeño grupo de vecinos del barrio solía organizarse dos veces por mes para levantar voluntariamente la basura acumulada en distintos rincones. No eran muchos, pero tenían un sueño simple y noble: un barrio “libre de basura”. Y lo sostuvieron durante años. También estaba aquel vecino que recorría la Av. Kennedy desde la entrada hasta su cuadra, recogiendo papeles y botellas arrojados al azar. “Lo hacía porque, al salir con el auto, disfrutaba de un paisaje limpio”, recuerda. Al poco tiempo, los propios frentistas de esas pocas viviendas donde él limpiaba empezaron a imitar su gesto. “Tal vez les daba vergüenza que un tercero hiciera la labor que les correspondía a ellos”.

Se pueden hacer cosas. Se pueden cambiar hábitos. Se pueden corregir decisiones mal tomadas. Y el Municipio podría ser un protagonista clave en esa transformación, en vez de limitarse —a través de sus funcionarios— a justificar la suciedad con la frase repetida hasta el cansancio de que “la gente es sucia”. El Estado no está para resignarse: está para ordenar, prevenir, educar y corregir.

¿Qué podría hacer? Algunas ideas ya las hemos planteado; otras surgen de observar esta escena que, lamentablemente, no es excepcional.

Sugerencias que podrían marcar una diferencia:

  • Limpiar y ordenar los PV con la frecuencia necesaria, evitando que se conviertan en basurales a cielo abierto.

  • Incorporar barrenderos en los barrios, como existen en las ciudades del distrito. Las calles de tierra no justifican la ausencia: un agente municipal podría recorrerlas en bicicleta y con un pequeño carro, recogiendo desperdicios.

  • Asignar al personal de las UGC mínimos recorridos diarios para levantar residuos en sus zonas. No es una deshonra: los propios vecinos lo hacen, muchas veces, en espacios públicos alejados de sus casas.

  • Dar instrucciones claras al personal de seguridad municipal: ¿Saben cómo proceder si ven a alguien arrojando basura? ¿Recibieron alguna directiva concreta?

La basura no aparece sola. Tampoco desaparece sola. Entre quienes la arrojan sin pensar y quienes deberían prevenir y ordenar sin excusas, quedan barrios que se deterioran, una comunidad que se resigna y una pregunta que vuelve como un eco: ¿hasta cuándo?