«Nuestra casa sufre tormentas, inflación, grietas, intereses mezquinos y sueños rotos»

Suele venir al barrio El Cazador, considerado su «lugar en el mundo», y caminar por la Ruta 25 hacia el centro de Belén de Escobar, o por algún sendero que desemboca en el Río Luján. Ha oficiado misa en numerosas oportunidades en la capilla Santa Teresita de El Cazador. En la actualidad, es el arzobispo de Buenos Aires y un hombre muy cercano al Papa Francisco. En su homilía de ayer, en la Catedral Metropolitana y frente al flamante Presidente de la Nación, Jorge García Cuerva expresó: «Que Dios bendiga e ilumine al Gobierno que hoy inicia la gestión” y pidió “sabiduría, para que todas sus decisiones vayan en camino a la paz y el bien común”. Además propuso sostener los “pilares que nos constituyeron como Nación (…) El Evangelio nos habla de casa y de cimientos, lo que no se ve pero que permite que toda la construcción sea posible. Somos conscientes que nuestra casa sufre tormentas, inflación, grietas, intereses mezquinos, desencanto y sueños rotos. Nos toca recordar, reforzar los cimientos que nos permitieron sostener la esperanza”, puntualizó. Pidió la “fraternidad”, la “unidad entre los argentinos” y a los gobernantes la “capacidad de comprometerse con la fraternidad social”. Al estilo del Papa, afirmó que “nadie es descartable” y solicitó “dejar de lado personalismos y buscar acuerdos”. Añadió que, “como hermanos en la fe, todos los presentes compartimos la creencia en un Dios liberador de la avaricia y la injusticia, que nos hace libres para ser más dignos y solidarios”. Y citó al Papa: “No hay libertad sin amor”, dijo. “Habrá tormentas inesperadas como la pandemia, pero tenemos que advertir de las tormentas que nosotros mismos podemos crear, las tormentas de la intolerancia, sentirnos los dueños de la verdad”, advirtió García Cuerva. “Es revolucionario sostenernos en la esperanza y buscar otra oportunidad”, finalizó, antes del recitado del padrenuestro.