Conectar para Desconectar, ¡nuestro Rincón Literario!

Bienvenidos a «Conectar para Desconectar», un Rincón Literario donde podrás viajar por nuevas sensaciones y emociones a través de notas y poesías de autores locales.

Coordinadora: Rita Frank (Instagram: @alquimiaesarte // Wtsp: 348 4 205 203)


¿Por qué la diferencia de oportunidades?

Si no nacemos con distinto mapa,

o será la suerte entre comillas que se hereda? O es que al azar se reparten brújulas dejando a algunos librados a su propio sur?

¿Por qué el cartelito pesa más que el mérito, el doble apellido, la marca de moda? ¿Por qué a uno le falta lo que a otro le sobra?

Por qué hay puertas sin trabas para algunos

y otras cerradas para otros…

Si la equidad debería ser bandera.

Por qué hay tantos por qué sin respuesta ?

Rita Frank


 ¿Quién no necesita un abrazo?

-Marzo 2025-

Anoche vi una película de Yasujirö Ozu: Historias de Tokio, de 1953. En la película una pareja de adultos mayores van a visitar a sus hijos que viven con sus familias en Tokio. Si bien los hijos reciben con alegría a sus padres en una primera instancia, enseguida comienzan a pasarse a los viejos de unos a otros porque están con sus ocupaciones y no pueden sacarlos a pasear o atenderlos.

Finalmente los padres se dan cuenta de esta situación y, en un tono muy amoroso, respetuoso y japonés, les explican que se vuelven a su pueblo. Cuando vuelven, la madre enferma y muere. Hasta ahí, el marco para contar lo que me incomodó sobremanera de la película. Al enterarse una de las hijas que su madre está grave, se pone a llorar angustiada y el marido que se encuentra a su lado, como todo gesto de contención posible, le toma la mano. La hija está partida en un llanto y la actriz nos transmite toda esa emoción. En otra escena, el padre está junto a su hija menor en la casa familiar, luego de que la madre muriera apenas unas horas antes. La hija llora porque su madre muerta está en la habitación de al lado y, el padre, que tal como lo era la madre es afable, tierno y bondadoso, solo se limita a quedarse arrodillado en el tatami (esa manera extraña de sentarse que tienen estos tipos) mientras su hija llora desgarrada por el dolor a menos de un metro. Entiendo que estas escenas tal como las anoté en mi diario pueden ser un recurso del director, o bien pueden ser una descripción objetiva de la forma de relacionarse entre las personas japonesas de la década del 50. ¡Pero esas situaciones pedían a gritos un abrazo! Me sentí tremendamente incómodo, hecho que rescato como un éxito narrativo al generar esas sensaciones en el espectador, pero a la vez me confirma mi relación con el abrazo como un vehículo humanizador y de expresión emocional en tiempos de tanta violencia verbal y distancia emocional. Definitivamente nunca podría ser japonés.

Christian Olmos  – Escritor