Luces y sombras en las UDP: entre el reconocimiento y las quejas persistentes

Días atrás publicamos una nota destacando los numerosos reconocimientos, felicitaciones y experiencias positivas compartidas por vecinos que fueron atendidos en las Unidades de Diagnóstico Precoz (UDP) construidas en los últimos años (Nueva UDP en Escobar: ¿Mejor salud o mejor marketing?). Estos centros, pensados para descomprimir la demanda hospitalaria y acercar la atención primaria a los barrios, representan una inversión importante en infraestructura sanitaria, y en muchos casos han sido valorados por su cercanía, limpieza y rapidez en estudios básicos.

Sin embargo, a la par de estos elogios, emergen con fuerza testimonios menos alentadores. Llama la atención la persistencia —e incluso el crecimiento— de reclamos por parte de usuarios que denuncian una preocupante falta de insumos médicos, demoras excesivas en la atención y, en ciertos casos, una atención deficiente por parte del personal de salud. Estas críticas no pueden ser minimizadas ni atribuidas únicamente a casos aislados, ya que se repiten en distintas UDP y en diferentes horarios, lo que sugiere fallas estructurales o de gestión.

Celebrar los avances en infraestructura es legítimo, pero más urgente aún es garantizar que ese esfuerzo se traduzca en una atención de calidad, con recursos suficientes y personal capacitado, comprometido con una atención humana y eficiente.

El sistema de salud público, especialmente en tiempos de crisis económica, debe ser un refugio confiable. Las UDP fueron concebidas como una respuesta a esa necesidad, pero su eficacia no puede medirse solo por su presencia edilicia o el volumen de pacientes que atienden, sino por la calidad concreta del servicio que brindan.

En las últimas horas, una vecina volvió a encender la alarma sobre las fallas en el sistema de salud local, tras acudir con su hijo a la UDP de Maquinista Savio. Según su testimonio, a pesar de advertencias sobre una posible neumonía, el menor fue revisado de manera superficial, sin estudios complementarios ni indicación de tratamiento.

Este fue su relato:

“Quisiera que publiquen, por favor, mi disconformidad con la UDP de Savio. Llevé a mi hijo por guardia con mucha tos, mocos, dolor de cabeza y cuerpo. Estuvo cinco días seguidos con 39° de fiebre, aunque en el momento de la consulta no tenía. Mi enojo es porque no lo revisaron bien: solo miraron la garganta y me dijeron que no escuchaban nada anormal, pero que si seguía con fiebre en 48 horas, lo llevara de nuevo porque podría ser neumonía. La consulta no duró más de dos minutos. No le hicieron una placa, vieron que tenía mocos verdes y no le indicaron ningún tratamiento: ni medicamentos, ni vapor, ni nebulizaciones. Así fue como atendieron ahí.”

A raíz de esta publicación en redes sociales, numerosos vecinos compartieron experiencias similares, que abarcan desde  diagnósticos errados hasta demoras injustificadas, falta de especialistas y prácticas médicas cuestionables. Estos son algunos de los comentarios que circularon:

  • “Hace unos días llevé a mi hija al oftalmólogo de Garín. Esperamos más de una hora sin que hubiera gente. La atendieron rápido y le diagnosticaron conjuntivitis. Le recetaron tres gotas. Al rato, mi hija me dijo: ‘Mamá, yo no soy médica, pero no siento que tenga conjuntivitis’. Al día siguiente la llevé a otro profesional y el verdadero motivo era que necesitaba anteojos.”

  • “En la UDP de Maschwitz le tomaron la temperatura a mi hijo con ese termómetro tipo pistolita y dijeron que no tenía fiebre. Pero dos minutos antes, con mi termómetro, marcaba 38,5°. Le mostré al médico y me dijo que sí, que el que usan ellos no anda bien, pero que es el único que tienen.”

  • “Llevé a mi hija con fiebre  por la mañana a Matheu y me dijeron que era viral. A la noche la fiebre no bajaba, volvimos y recién entonces le hicieron una placa. Resultado: neumonía bilateral. Quedó internada con medicación intravenosa.”

  • “Meses atrás me moría de dolor. Fui a la salita, el médico apenas me preguntó los síntomas, me dio un calmante y me mandó a casa. Terminé en el hospital de Escobar.”

  • “Mi hijo sufre broncoespasmos. Lo llevé a la UDP de Savio y no lo revisaron. La médica me trató de ignorante. Lo llevé a otro centro donde le hicieron placas, le recetaron puff. Estaba muy mal, y ahí no le dieron ni bola. Nunca más volví.”

  • “Todo bien con la UDP de Escobar, pero no puede ser que no haya ni pediatra ni cirujano infantil. Mi hermana fue con su nieto, mordido por un perro, y no había nadie que lo atendiera. Terminó en el hospital. Lo atendieron bien, pero no digan que la UDP está completa.”

  • “En Escobar, ¿pueden dar más turnos en Salud Mental? Porque con solo 10 números por día no hacemos nada. La demanda es altísima en todo el distrito.”

Una vez más, cabe preguntarse: ¿tiene sentido haber inaugurado múltiples edificios de UDP sin garantizar los recursos humanos, insumos esenciales, ambulancias operativas y salarios adecuados para los profesionales? ¿No habría sido más eficiente concentrar esfuerzos en un hospital de alta complejidad, bien equipado y con plantel médico completo, en lugar de dispersar recursos escasos en múltiples unidades mal dotadas?