El afán del peronismo por ser partido único
Por D. Luzuriaga (Belén de Escobar)
“Vamos por todo, por todo” (CFK, Rosario, 27/2/2012) -lejos de ser un acto fallido- es frase emblemática que resume una concepción peronista de la política y el poder. El justicialismo, siempre presto a denunciar supuestos intentos hegemónicos, ha dejado en claro a lo largo de la historia nacional su afán por sofocar y suprimir a cualquier fuerza alternativa.
Ello se remonta a la primera etapa de J.D. Perón cuando figuras opositoras -o que apenas se negaban a rendir pleitesía al endiosado General- como L. Lamarque, O. Pugliese, A. Yupanqui, N. Marshall, M.E. Walsh, E. Sábato -entre otros- debían partir al exilio, o permanecer en el ostracismo, al estar inhabilitados de trabajar, cancelados en listas negras, práctica inspirada en camisas de igual color. En línea con el postulado que sin rodeos formulara el general Perón “Para el amigo, todo; al enemigo, ni justicia”, https://www.youtube.com/watch?v=WDh9M9aty4U , brutal síntesis del credo justicialista que se tornaría tradición fundacional. En su transcurso, el peronismo ha promovido asedios y clausuras a la prensa escrita, intervenciones en radioteledifusión, expropiaciones arbitrarias, bloqueo a empresarios díscolos, afiliación partidaria mediante coacción, adoctrinamiento político en escuelas, encarcelamiento a disidentes, policía secreta y escuadrones parapoliciales, monopolio sindical, abrumadora nomenclatura de espacios públicos o de territorios enteros (provincia Eva Perón), símbolos partidarios en edificios oficiales, conformando la clásica receta peronista para avasallar y asfixiar a cualquier manifestación capaz de desafiar al aluvional “movimiento”.
A la manera típica del psicópata que reprocha a los otros sus propios vicios, el peronismo no ha dejado de victimizarse a la vez que procura amedrentar de distintas maneras a sus rivales y al electorado. Tan sólo en los últimos meses la ciudadanía ha escuchado a figuras prominentes del peronismo actual como el precandidato presidencial por UxP Juan Grabois amenazando “en un año y medio se van en helicóptero” ante el hipotético triunfo de un partido opositor; o al ministro de interior Aníbal Fernández augurar “las calles regadas de sangre y muertos van a producir, si tuvieran la posibilidad de ser Gobierno”, ante el mismo supuesto de alternancia democrática.
El peronismo argentino -al igual que el fascismo italiano, su inspirador- no cesa de usurpar para sus propios fines los símbolos nacionales (le está permitido utilizar el celeste y blanco en sus boletas y propaganda); una vez más lo hemos visto apropiarse de fechas históricas el pasado 25 de mayo para sus objetivos sectarios y no conforme con eso se atreve el peronismo a equipararse obscenamente con la Patria -tal cual se observa en la homónima fundación kirchnerista donde se cobija la vicepresidenta convicta CFK, sentenciada por el Tribunal Oral Federal 2 por latrocinios a enorme escala. Así como tampoco se privan los peronistas de degradar el término “patria” en la sigla de su frente electoral.
Visto está que el peronismo difícilmente reconocerá méritos a nadie que no sea de su facción, por destacado que sea. Desde el eminente J. L. Borges a la abnegada Margarita Barrientos, quien estos últimos años se ha visto privada de cualquier ayuda oficial en su encomiable labor filantrópica, sólo porque el gobierno no tolera que una activista social se sitúe lejos de su vereda política.
De lo mencionado, no escasean muestras en el municipio Escobar, donde gobierna el peronista Ariel Sujarchuk, quien viene haciendo uso y abuso de propaganda proselitista desde que aterrizara en estos lares allá por 2015 y desde entonces no ha cesado de trasgredir cualquier veda electoral para su insaciable apetito de dinero y poder.
La utilización de fondos municipales en pos de la patológica autopromoción del intendente ya fue denunciada ante la Fiscalía de Zárate-Campana, allá por 2019. Causa penal que dormita en los cajones del Tribunal de Cuentas provincial, organismo que poco ha avanzado en esclarecer la identidad de la misteriosa agencia publicitaria que lucra con las fastuosas campañas de dicho funcionario y agencia que todavía es un secreto para los contribuyentes.
En su desmesurado proselitismo 2023, Sujarchuk se ha concedido a sí mismo el monopolio de toda marquesina municipal donde exhibir su retrato y candidatura, en un negocio unipersonal entre el intendente Ariel y el candidato Ariel que amerita ser investigado. El usufructo de todos los postes de alumbrado para el mismo propósito luce incompatible con las ordenanzas del Municipio que el propio Sujarchuk gobierna. No sólo eso, el día de las recientes elecciones primarias las huestes de UxP dejaron colocados grandes carteles partidarios al ingreso mismo de diversos centros de votación (ver fotografía), en otra clara infracción a la Ley, lo cual ha motivado una nueva denuncia contra los candidatos de dicha lista, la cual se radicó en la Subcomisaría de El Cazador y que a estas alturas ya debería estar en la órbita de la Justicia Electoral.
Todo ello ante la inacción e impotencia de las demás fuerzas políticas, quienes advierten que los seguidores del intendente destruyen sistemáticamente cualquier propaganda rival.
Justificadamente, este periódico ya ha sabido denunciar los incurables excesos de nuestro farabute peronista, si bien todavía resta señalar un caso ilustrativo de cómo su Administración municipal sigue empleando los métodos tan característicos de su partido para cancelar a cualquier figura que pudiera opacarlo o resultarle incómoda. No es ocioso consignar que la desaparición de personas comenzó antes del golpe de 1976 con los escuadrones de la Triple A y desde catacumbas del Ministerio de Bienestar Social durante las presidencias del binomio Perón-Perón, a partir de 1973.
En el caso que ahora denunciamos, el peronismo de Sujarchuk ha pretendido desaparecer a una figura histórica tan recordada como relevante en la historia nacional, quien suele concitar respeto poco menos que unánime por parte de los argentinos en virtud de sus valores cívicos, humildad personal y calidad humana. Es el caso del presidente Arturo H. Illia, cuyo mandato fue cercenado por el golpe militar del general J.C. Onganía en junio de 1966.
No hace falta ser muy memorioso para recordar que pocos años atrás la ciudad de Escobar disponía de un importante edificio destinado a su Dirección de Cultura, donde funcionaba una nutrida biblioteca provista de amplio salón de lectura, la cual llevaba el nombre de Illia. Si bien en lo personal este articulista no adscribe a denominar con nombres de funcionarios a las obras o edificios públicos en nuestro país, tal práctica es usual entre nosotros. En el transcurso de su mandato, la gestión del intendente Sujarchuk, de manera taimada y vil, ha ido borrando el nombre de aquel ilustre y modesto presidente radical hasta llegar a suprimirlo por completo. La espaciosa biblioteca Arturo H. Illia fue trasladada a un minúsculo cuartito de tres por tres metros cuadrados en su nueva sede de la calle Mitre y el nombre del noble médico -de cuya austeridad y altruismo pocas dudas caben- ya no prestigia más su fachada. Tampoco consta el nombre de Illia en el ingreso al minúsculo cuartito.
Si el retrato de Ariel Sujarchuk se repite hasta el hartazgo a la manera del Gran Hermano, dictador del régimen imaginado por Orwell donde las personas molestas u opositoras eran víctimas de desaparición para transformarse en “impersonas”, el intendente de Escobar exhibe su afán totalitario cuando pretende cancelar todo recuerdo de un presidente democrático, sabio y ejemplar.
Ante abusos de semejante naturaleza, los radicales vernáculos -entre ellos el próspero ex legislador y actual concejal Roberto Costa- ninguna protesta ni objeción pública han planteado al respecto.
ZZZZ ZZZZ ZZZZ
Me dormí. Huele a naftalina.