Conectar para Desconectar, ¡nuestro Rincón Literario!

Bienvenidos a «Conectar para Desconectar», un Rincón Literario donde podrás viajar por nuevas sensaciones y emociones a través de notas y poesías de autores locales.

Coordinadora: Rita Frank (Instagram: @alquimiaesarte // Wtsp: 348 4 205 203)


Quietud

Contó que llegó escasos minutos después que ella, y se sentó a su lado en la mesa del bar.

No pidió nada. Ocupaba el espacio sin que nadie pudiera notarlo. Cuando ella quiso hablarle, le tapó la boca con su mano cálida. Le enseñó que las paredes no solo oyen, sino también saben escuchar, y lo mejor, es que callan.

Afuera la ciudad gritaba, pero él, cerró la ventana. Me quedé un largo rato observándolos, pude notar que él no tenía apuro, y ella tampoco. Pidieron dos cafés y al final, los dejaron enfriar. Contó, que aquél día que lo encontró, fue lo mejor que le pudo pasar, porque la acompañó como nadie.

Contó, también, que luego, sin explicaciones, ni pactos, ni nada, se separaron. Siguiendo su ritmo diario de ajetreada costumbre, aunque algo hacía ruido dentro de ella, pero no sabía bien de que se trataba; hasta que llegó la noche y volvió. Sin golpear la puerta entró a su casa, se instaló a su lado, junto al piano mudo, dominó sus pensamientos y al instante siguiente la acompañó a la habitación para meterse al espacio que quedaba en su cama. En ningún momento le dijo que “todo iba a estar bien” solo le acarició el rostro, la espalda, le dio confianza en si misma y sobre todo, paz.

Ella entendió lo lindo que era tener un aliado, un amigo que no juzga… un amigo de esos que cuesta encontrar y que te hace bien. Afuera la lluvia golpeaba el techo como pidiendo entrar, Eva le pidió que hable bajo, que los podía acompañar desde afuera. Y fue una comunión entre los tres.

Siguieron la charla y le contó de sus miedos, le contó de sus inseguridades, de sus noches de nostalgias, insomnios y soledades. La escuchó con una calma muda y comprensible mientras la abrazaba, llevándola a un recorrido por su interior.

Respiraron al mismo tiempo, lento… mientras ella cerró los ojos y se perdió en su adentro sin dejar de sentir la tranquilidad de su presencia. Visitó cada célula, cada rincón dormido. Exploró cada poro, cada latido, cada bocanada de aire puro llegando a sus pulmones, cada partícula, cada recoveco… Hasta que cada tanto, el roce de las sábanas sobre su piel, le recordaban que no estaba sola… Él, estaba ahí.

Se quedaron juntos hasta el amanecer… Luego de un té caliente, la invitó a acercarse a la ventana. No había música, no hacía falta.

Le mostró como la luz del sol caía en rayos sobre la mesa, como el canto de los pajaritos endulzaba la mañana… La invitó a quedarse, que era lo que hacía tiempo, ella, no sabía hacer. Le preguntó cuál era su nombre y le respondió con una mirada serena. Le dijo que no tenía historias para contar, pero tenía tiempo para escuchar las de ella. Caminaron hasta la cocina, viendo tras los cristales del ventanal; como la primavera saludaba desde lejos. Llegaron hasta la galería y se sentaron en el piso con la mirada clavada en lo árboles que rodeaban el jardín y la cascada que les ofrecía canción. Él comenzó a monologar casi imperceptiblemente, sin mover los labios. No le pidió que fuera fuerte, pero si, le dijo que merecía ser feliz, que cambiar de actitud seguramente la ayudaría. Hizo hincapié en que reflexionara, que buscara la reciprocidad para mantener su energía en equilibrio, y muchas cosas más… Le dijo que solo quería quedarse un rato más a su lado, Eva le dijo “Gracias” y él, le contestó quedándose.

Descubrió que cuando él llega ella se siente a gusto, qué si está rota, remienda sus heridas, si está desordenada, la ayuda a ordenarse…Cayó la tarde, llegó el ocaso y contemplaron juntos la puesta del sol. Se tomaron de la mano y por primera vez, ella, se quiso quedar. Sintió que no quería que se fuera nunca más y creo que él recibió su mensaje, aunque Eva en el fondo sabía que no se iba a ir, porque nunca había venido a pedirle nada, sino a hacerle compañía .

Rita Frank