Como en el far west: tropillas de caballos aterrorizan a una comunidad
La historia que vamos a narrar, relatada por un grupo de vecinos del barrio La Prudencia, en Belén de Escobar, parece sacada del «Far West», aquel territorio norteamericano donde la anarquía y la violencia silenciaban a familias y personas que solo buscaban la paz y la tranquilidad.
Este barrio, ubicado en la intersección de las calles Manny y continuación de El Greco de El Cazador, fue construido hace pocos años y sus residentes se vieron atraídos por la densa arboleda, la exuberante vegetación y la calma del entorno, un verdadero oasis. Nadie sospechaba en aquel momento que serían testigos y desafortunados protagonistas de una realidad que desafía la creencia.
En pleno siglo XXI, un grupo de personas parece jactarse de tener el poder de cometer cualquier disparate; y lo que más les divierte es lanzar diariamente, por la calle Padre Esteban Uriburu, la principal del barrio, aproximadamente seis veces al día y a cualquier hora, tropillas de caballos para atropellar a quien se atreva a caminar o pasear por el lugar, además de destruir todo a su paso: las cercas de los terrenos e incluso algún juguete de un niño cuyos padres se atrevieron a salir a la vía pública. La calle les pertenece. El espacio público es suyo. Ellos imponen su propia ley.
A veces, son hasta 23 caballos los que corren sin control y amenazan a la comunidad, generalmente guiados por una moto que toca insistentemente la bocina, lo que pone aún más nerviosos a los caballos que a menudo terminan tropezando entre sí y saliendo corriendo en cualquier dirección.
Ayer, una madre junto con su pequeño hijo de 3 años se salvaron de ser arrollados al arrojarse al suelo a tiempo. Hasta el momento, no ha habido heridos o muertes, gracias a la providencia divina y a que la comunidad evita salir a la calle.
«Es una locura permitir que tantos caballos anden a sus anchas como si este lugar estuviera deshabitado», dice preocupada una mujer.
El motivo por el cual las autoridades no toman cartas en el asunto queda a la libre interpretación de todos. Se ha recurrido a la UGC 2, a la UGC 3, a la Policía Rural, Atención al Vecino, a Ojos y Oídos, a todas las reparticiones municipales competentes. Las respuestas suelen ser amables y atentas, pero la acción es nula. ¿Habrá amigos del poder o corrupción detrás de esta anacrónica historia? Esa es la gran pregunta.
«Por favor, ocúpense antes de que sea demasiado tarde», insiste una mujer. «Ya no sabemos qué hacer, cómo actuar, es incomprensible la ausencia del Estado ante eventuales calamidades que pueden llegar a ocurrir». Un hombre añade que en alguna ocasión la policía les pidió que se marcharan: «Pero luego regresan, es una burla constante; no aceptan las reglas de convivencia, se apropian de lo ajeno y aparentemente desafían a la autoridad, ya no sabemos qué pensar».
El. Comentario así como se lo presenta , es muy preocupante pero le falta individualizar, dar los nombres de los propietarios y responsables de la presencia de estos animales en indudable contravención a las más elementales normas de convivencia
Y quien es el dueño de los caballos? Yo haria un seguimiento a los mismos y a la moto que los altera….no es lo ideal, pero tenemos que arremangarnos….
El tema es simple…de secuestran los caballos y se derivan donde sean retenidos hasta que el dueño pague la correspondiente multa y así todas las veces que suceda..