Vecinos de Asborno al 500: «Queremos recuperar la paz que alguna vez supimos conocer»

 

En un expediente dirigido al intendente municipal hace ya casi medio año —que lleva el número 273150—, los vecinos y comerciantes de la calle Juan P. Asborno al 500 pusieron en conocimiento de las autoridades municipales la problemática que viven a diario y que, según señalan, tiene como epicentro y principal responsable a una compañía de reparo de comida a domicilio. Nadie está en contra de las inversiones, de los nuevos emprendimientos ni de la generación de nuevas fuentes de trabajo. Lo que se pide, simplemente, es recuperar la tranquilidad que históricamente caracterizó a la zona.

Desde la llegada al vecindario de esta plataforma de intermediación, a partir de la instalación del Market situado en la calle Juan P. Asborno, entre E. Tapia de Cruz y F. Ameghino, los residentes aseguran que la convivencia cotidiana se vio profundamente alterada por distintas situaciones que describen en la presentación. Por eso, afirman, solo piden que se les devuelva «la tranquilidadc que los vecinos supimos tener!».

Los motivos del pedido de tranquilidad fueron detallados en más de dos extensas carillas. «La nota circuló entre vecinos y comerciantes durante la semana previa a la presentación. A la fecha de la apertura del reclamo, la empresa aún gozaba del plazo de gracia que le otorgaba la entrada en vigencia de la nueva ordenanza», afirma uno de los comerciantes firmantes. «Al día de la fecha, llevamos cuatro años viviendo entre el deterioro del paisaje urbano y serios problemas de convivencia», asegura una vecina, quien además aclara que la empresa opera bajo la modalidad dark store. El conjunto de vecinos y comerciantes describe la situación como una «lucha desigual contra una firma multinacional cuyo único objetivo consideramos es la expansión a cualquier costo de un modelo de negocios que favorece prácticas o conductas que han transformado el espacio público en tierra de nadie».

Entre las situaciones denunciadas, señalan que deben «soportar camiones en marcha desde la madrugada (4:30) hasta que abre el market». También cuestionan la circulación de motos que «circulan en muchos casos con escapes libres». Según relatan en la nota, la zona se ha transformado además «en punto de reunión de los riders incluso hasta pasada la hora del cierre del local que se da por lo general a las 0 hs.». A esto se suma, advierten, la suciedad que se genera, «transformando la cuadra en una de las más sucias de Escobar (la empresa argumenta que nosotros somos responsables de la suciedad porque no ponemos cestos de residuos, cuando los que generan los residuos son las personas asociadas directa o indirectamente a la operatoria del local)». «La cuadra es lisa y llanamente un basural, y la gente ya no la quiere transitar; en lo posible la evita, la circulación cae, y los comercios son perjudicados».

«Ya no podemos más», se quejan los vecinos. «Nuestros hábitos de trabajo, de estudio y de descanso están alterados, y estamos dejando nuestra salud en ello. Nos sentimos invadidos y vulnerados en nuestros derechos como ciudadanos de bien y contribuyentes. Defraudados y abandonados a nuestra propia suerte». Pese a los «numerosos reclamos» realizados ante el municipio, aseguran que «nada cambia. Juntamos firmas, abrimos expedientes, pero sentimos que luchamos contra molinos de viento».

Hacia mediados del año pasado, al tomar conocimiento de la entrada en vigencia de la ordenanza municipal que instaba a la empresa a adecuarse a la nueva normativa para poner freno a la situación, surgió una luz de esperanza. La normativa establecía que las motos no debían permanecer en la calle y que la espera de los repartidores debía realizarse puertas adentro, con áreas de descanso y sanitarios, entre otras medidas. «Pensamos que era la solución a nuestros problemas de convivencia, pero las esperanzas se fueron disipando con el tiempo». Recuerdan que en el caso del market de Maschwitz el local fue clausurado en enero último, pero en Escobar «no hubo adecuación a la nueva normativa porque el plan consistía directamente en la relocalización».

Los vecinos aclaran que no buscan impedir que la empresa funcione. «Queremos que funcione dentro de los parámetros de la ley sin molestar a otros, de la misma manera en que cada uno de nosotros lo hacemos en nuestros respectivos trabajos, oficios, profesiones o emprendimientos».

Por último, expresan que «como contribuyentes, tenemos derecho a que nos escuchen y nos den soluciones; a que el municipio arbitre todos los medios necesarios para hacer cumplir las ordenanzas en vigencia sin importar quién tenga enfrente; solo queremos volver a ser el barrio tranquilo de antaño de nuestros padres y abuelos… Queremos recuperar la paz que alguna vez supimos conocer…..».