Un toque de demagogia

«Un toque de demagogia nunca viene mal para condimentar la próxima campaña política», pensó Josefina mientras avanzaba con su auto por la calle Nazarre al 800, justo frente al polideportivo de Matheu.

Lo que llamó su atención fue una estructura nueva que todavía están instalando: “No sé si llamarlo monumento o reconocimiento… no se entiende bien qué es. Son letras enormes, de casi un metro setenta de altura. Me da la impresión de que están relacionadas con la comunidad LGBT. ¿Estamos pagando esto con nuestros impuestos?”, se preguntó con una mezcla de sorpresa y escepticismo.

Observó que las letras estaban bien pintadas, algunas ya firmes en su lugar y otras aún tiradas en el suelo, esperando ser colocadas. “Pude identificar la L, la G, la B, la T, la I, la Q, una N… y hay alguna más por allá que no llego a distinguir”, comentó intrigada.

Mientras bajaba la ventanilla para mirar mejor, le surgieron otras preguntas: “¿Cuánto costará esto realmente? ¿Y cuánto figurará en la factura oficial? ¡La cometa tiene que estar!”, murmuró, con ese tono sarcástico que mezcla sospecha y resignación.

Y agregó, con un dejo de ironía: “La Municipalidad tira manteca al techo. Las letras están sobre una base de hormigón impecable. Es una producción importante… incluso tiene una instalación eléctrica debajo, seguramente para iluminarla de noche. Todo muy bonito, pero… ¿es esto lo que más necesita Matheu?”

Y, mientras tanto, seguramente algunos agentes municipales ya están trabajando a contrarreloj en la organización del gran acto de inauguración. No podrán faltar los funcionarios de siempre, los militantes entusiastas, los empleados movilizados, algunos invitados especiales… y, por supuesto, los discursos cargados de épica.