Un informe ubica a Escobar entre los municipios más desiguales del AMBA

 

Pese al reiterado énfasis oficial en la idea de un “Estado presente” —o “Estado DASE” (dinámico, ágil, sencillo y eficiente), como lo define ahora el intendente Sujarchuk—, el partido de Escobar quedó mal posicionado en el indicador de brecha socio-urbana CIPUV–UTDT, elaborado por el Centro de Investigación de Políticas Urbanas y Vivienda de la Universidad Torcuato Di Tella. Dentro de 40 municipios, se encuentra entre los diez peores, junto a José C. Paz, Moreno y La Matanza.

Este índice no mide únicamente niveles de pobreza, sino que pone el foco en la desigualdad territorial al interior de un mismo municipio. Para ello, evalúa variables clave como el acceso a agua potable y cloacas, la existencia de pavimento, la conectividad en transporte, la calidad de la vivienda, la densidad poblacional, el equipamiento urbano y la proximidad a servicios esenciales. A partir de estos datos, compara las zonas mejor provistas con aquellas más relegadas: cuanto mayor es la diferencia entre ambos extremos, más alta resulta la brecha socio-urbana.

En este contexto, Escobar aparece con un desempeño desfavorable, lo que abre un interrogante inevitable: ¿se trata del resultado de las políticas públicas implementadas por la actual gestión o, por el contrario, de una insuficiencia estructural en su alcance pese a su constante promoción?

Uno de los factores centrales que explica este resultado es la marcada coexistencia de realidades urbanas opuestas dentro del distrito. Por un lado, se desarrollaron urbanizaciones de alto nivel socioeconómico, como Puertos, El Cantón y San Matías, junto a otros barrios cerrados ubicados en cercanías de la autopista Panamericana. Estos espacios cuentan con infraestructura de primer nivel: calles asfaltadas, seguridad privada, conectividad de alta velocidad, lagunas artificiales y servicios completos.

En contraposición, subsisten numerosos barrios populares con déficits estructurales significativos, particularmente en localidades como Maquinista Savio y distintas zonas de Garín, además de asentamientos próximos a las vías del ferrocarril. Allí, las condiciones urbanas distan considerablemente: calles de tierra, ausencia de redes cloacales, conexiones informales a servicios básicos y viviendas precarias forman parte del paisaje cotidiano.

A esta fragmentación se suma un proceso de crecimiento urbano acelerado y, en muchos casos, desordenado. En las últimas décadas, Escobar experimentó una fuerte expansión impulsada por la extensión de la autopista Panamericana, la migración desde la Ciudad de Buenos Aires y el auge de los desarrollos inmobiliarios cerrados. Sin embargo, la infraestructura pública no avanzó al mismo ritmo, profundizando así las asimetrías.

El resultado es un territorio altamente segmentado, con enclaves de alto ingreso relativamente aislados, barrios populares con escasa integración urbana y un sistema de transporte público que no logra articular de manera eficiente las distintas zonas. Este tipo de configuración urbana tiende a agravar los indicadores de desigualdad interna.

Cabe destacar que el índice CIPUV–UTDT penaliza precisamente estas disparidades. Un municipio puede presentar niveles generales bajos de ingresos sin exhibir una brecha significativa si sus condiciones urbanas son relativamente homogéneas. En Escobar ocurre lo contrario: la convivencia de sectores muy favorecidos con otros profundamente postergados amplía la distancia entre ambos y eleva el indicador.

En este marco, los datos del estudio vuelven a poner en discusión el alcance de la gestión municipal en materia de planificación urbana. La persistencia de amplios sectores con déficit de infraestructura, combinada con un crecimiento acelerado y desigual, plantea interrogantes sobre la efectividad de las políticas implementadas y los desafíos pendientes en términos de integración territorial.