Un garinense desfilando el 9 de julio
Bajo este mismo título, un importante medio de Facebook de la localidad de Garín publicó la fotografía que encabeza esta nota, junto con una serie de testimonios de vecinos que expresaban su orgullo tras observar en el desfile del 9 de julio realizado en la Av. del Libertador a Enrique Testa (2° desde la izquierda), un prestigioso cardiólogo y veterano de guerra. “Orgullosa de mi médico cardiólogo, ex combatiente de Malvinas”, escribió la prestigiosa vecina y artista Virginia Lavagnino. «Enrique, el mejor cardiólogo, ¡qué bueno verte en el desfile!»; «Gracias Enrique, ¡qué ORGULLO!»; «Excelente profesional y persona»; «Qué orgullo y emoción, un héroe de mi patria querida»; «Es el mejor del mundo», fueron algunos de los testimonios vertidos por un sinnúmero de garinenses, quienes solo encontraron palabras de agradecimiento hacia el Dr. Testa.
Este médico cardiólogo se graduó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires en 1975. Poco después, rindió examen para ingresar al cuerpo de servicios profesionales de la Fuerza Aérea Argentina como médico, para hacer carrera militar. Fue convocado a Malvinas tan solo cuatro meses después de haberse recibido de cardiólogo. Durante la guerra, era Capitán médico de la Fuerza Aérea.
En un reportaje que le hicieron hace dos años, Testa recordaba los vuelos sanitarios de evacuación que realizaba en el Hércules, describiendo cómo en medio del fragor de la batalla, su misión era un oasis de esperanza para los heridos.
«(Era) Una aventura. El vuelo del Hércules, lógicamente, era un vuelo secreto porque de ida era un viaje logístico, no era un avión pintado con una cruz roja. Podía llevar armas, bombas, nafta, comida. Y de vuelta, era un vuelo sanitario. Por eso iban un médico y un enfermero. Lo que pasa es que el médico en el viaje de ida tenía que ir en la cabina haciendo observación, porque el Hércules volaba pegado al mar y con todos los radares apagados, porque si no nos cueteaban. Entonces, los ojos eran la única herramienta que teníamos para darnos cuenta si había enemigo a la vista. El médico tenía que cumplir esa función a la ida. Y una vez que aterrizábamos en el Aeropuerto de Puerto Argentino, en una pista en muy malas condiciones, bombardeada, con muy mala iluminación y generalmente cubierta con su manto de neblina, descargar rápidamente los bultos del Hércules y cargar igualmente de rápido a los heridos en medio de una oscuridad y una confusión total. Imaginate aterrizaba a oscuras pero los motores no se apagaban porque teníamos que tener la oportunidad de rajar rápido. Venían las ambulancias con los heridos y en esa confusión había que tomar conocimiento de qué tipo de heridos teníamos y cargarlos, distribuyéndolos dentro del avión de acuerdo a la lesión que tenían. Por supuesto, sin poder respetar el verdadero protocolo de carga del avión porque no había tiempo. Escuchabas al comandante de la aeronave siempre diciendo “Vamos muchachos que me voy”. Porque cuando aterrizaba, salían los Harriers a pescarlo, y lo podían enganchar».
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