Obras públicas en la mira: ¿boicot, ineptitud o abandono de la gestión?

Lo que ocurre en el partido de Escobar es, cuanto menos, peculiar. Difícilmente exista otro distrito —nos atreveríamos a decir, en el mundo— donde la llegada de una cuadrilla municipal a un barrio despierte sentimientos tan contradictorios entre los vecinos: por un lado, la alegría de que algo pueda mejorar o renovarse; por el otro, el temor de que esas obras terminen empeorando lo que ya estaba mal… o lo que ni siquiera estaba tan mal.

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Un ejemplo cercano lo viven los vecinos de la calle Santa Teresita, en el barrio El Cazador. Hace varias décadas, ellos mismos habían asfaltado dos de sus cuadras. Con el tiempo, el pavimento se deterioró y, tras una prolongada espera, la Municipalidad finalmente reparó los baches. La alegría fue grande y el alivio, inmediato.

Pero la satisfacción duró poco. A los pocos días, en la cercana calle Bécquer, el municipio intentó “arreglar” un tramo de una cuadra y no encontró mejor solución que arrojar escombros y tierra. El resultado, tras las últimas lluvias, fue un lodazal que nunca antes existió en esa zona.

La situación se agravó con una tercera “obra” en la esquina de Santa Teresita y Bécquer. Allí se instalaron caños para el cruce de calle (ver fotografía), pero de manera tan improvisada y desprolija que no fueron enterrados lo suficiente. Esto no solo generó un enorme y peligroso lomo de burro en una calle ya deteriorada, sino que, además, uno de los caños quedó tan elevado que, ante una lluvia intensa, el agua terminará estancada en una zanja que antes drenaba sin inconvenientes. El resultado fue, una vez más, un lodazal en un lugar donde nunca antes había problemas.

¿Estamos ante un boicot silencioso al intendente? ¿O se trata de un intendente demasiado ocupado en la política y poco en la gestión diaria? ¿O simplemente de funcionarios que “no funcionan”?