Maschwitz: limpiaron un basural y en cuatro días reapareció, aún peor

La Municipalidad realizó la semana pasada un operativo de limpieza y retiro de residuos en la calle Independencia, en el barrio San Miguel de Ingeniero Maschwitz. “El sector quedó completamente despejado y en condiciones”, aseguraron funcionarios municipales. Sin embargo, la mejora duró apenas cuatro días: el mismo punto volvió a presentar acumulación de basura. Video

La rápida reaparición del basural expone —según la propia comuna— una problemática que no se resuelve únicamente con la intervención estatal. En esta ocasión, un vecino de la zona, Jorge Olivieri, volvió a limpiar el espacio, ordenó los residuos acumulados y armó pequeños canteros con neumáticos reutilizados para mejorar el entorno. El esfuerzo, loable y solidario, tampoco logró sostenerse: al día siguiente, nuevamente fueron arrojados desechos en el mismo lugar.

El caso refleja un desafío persistente. “El Municipio interviene y responde, pero sin compromiso y responsabilidad individual los espacios recuperados vuelven a deteriorarse en cuestión de días. Arrojar residuos en la vía pública constituye una falta grave que afecta la salud, el ambiente y la calidad de vida de toda la comunidad”, señalaron desde el gobierno local.

Es cierto: sin responsabilidad ciudadana no hay política pública que alcance. Pero también resulta innegable que el Municipio,  durante demasiado tiempo, se permitió el avance de la suciedad y de conductas incívicas en todo el distrito, que hoy exigen un esfuerzo redoblado. Y ese esfuerzo debe ser encabezado, sin ambigüedades, por la autoridad municipal.

La obligación primaria e indelegable de mantener la limpieza y pulcritud del espacio público recae sobre el Estado local. No como gesto esporádico ni como operativo aislado, sino como política permanente, sistemática y visible. Limpiar una vez no alcanza. Hay que limpiar todas las veces que sea necesario, hasta imponer un criterio claro: tolerancia cero con la basura en la vía pública.

Existen herramientas para ello. Las cámaras de seguridad pueden y deben utilizarse para identificar a quienes arrojan residuos ilegalmente y movilizar de inmediato a personal de Prevención Comunitaria o de la Policía Municipal. Las faltas deben sancionarse. No es una tarea imposible: con análisis de imágenes, seguimiento de horarios y recorridos habituales, y un mínimo trabajo de investigación, es factible detectar a los infractores. Cuando se quiere, se puede.

Pero, sobre todo, la constancia debe vencer a la desidia. La limpieza diaria y sostenida tiene que imponerse a esa minoría que ensucia sin reparar en el daño colectivo. Si el combate contra la suciedad se vuelve esporádico o meramente declamativo, el resultado será siempre el mismo: el deterioro reaparece y el esfuerzo se diluye.

Días atrás advertíamos sobre una situación similar en la calle Libertad, en Belén de Escobar: luego del corte de malezas que avanzaban hasta la calzada —trabajo dispuesto por el Municipio— quedaron al descubierto residuos que hasta entonces permanecían ocultos entre la vegetación. Pasaron las semanas y nada cambió. Lo que alguna vez fue un acceso distinguido por su prolijidad hoy ofrece una imagen de abandono y desorden que contrasta con su pasado reciente.

Por eso, no alcanza con anunciar “operativos de limpieza y retiro de residuos”. La transformación debe ser profunda y generalizada. Las medidas a medias, o aquellas que buscan únicamente un efecto propagandístico, no resuelven el problema. Se requiere trabajo silencioso, cotidiano y firme.

El Municipio tiene la responsabilidad —legal, política y moral— de mantener cada calle y cada espacio público en condiciones. Que limpie todo el distrito, todos los días. Que sancione a quienes ensucian. Que sostenga en el tiempo una política activa y constante. Solo así podrá vencer, por insistencia y por autoridad, a quienes degradan el entorno común y recuperar definitivamente la pulcritud que la comunidad merece.