Escobar: la pobreza desata comprensión y malestar por presuntos «avivados»

La acción de los merenderos y comedores comunitarios ha sido esencial durante muchos años, en un contexto de creciente pobreza en un país que, hace apenas un siglo, era una pequeña potencia en el concierto de las naciones. En Escobar, su presencia es fundamental, especialmente entre los niños, quienes son los más afectados por la marginación y la pobreza.

En los últimos meses, y a pesar de las críticas hacia el Gobierno Nacional por no suministrar suficiente ayuda a estas instituciones, así como a la propia Provincia, la asistencia social ha continuado llegando a miles de personas necesitadas.

Recientemente, se viralizó en las redes sociales un mensaje que hacía referencia a una «olla popular en el Barrio Amancay», describiéndola como «un acto de amor y esperanza en medio de estos tiempos tan duros para todos». El mensaje era contundente: «Lo que para algunos es cotidiano, como disfrutar de un plato de comida caliente, para muchos otros es un lujo inalcanzable». Más adelante, se hacía evidente la marca política de esta asistencia, aunque debería ser un dato secundario: «En estos momentos difíciles, recordamos siempre que la patria es el otro, y que juntos podemos hacer la diferencia».

El texto concluía con un mensaje de amor y solidaridad: «Con la solidaridad y la empatía como nuestra bandera, cada compañero puso manos a la obra para que esta olla fuera posible. Cocinamos no solo con ingredientes, sino con el corazón y la firme convicción de que nadie debe quedar atrás. Gracias a cada uno de ustedes por estar, por acompañarnos y por adaptarse a las circunstancias que nos toca enfrentar”.

La publicación generó diversas reflexiones entre los lectores. Algunos mostraron comprensión hacia la tarea realizada, mientras que otros expresaron su descontento hacia ciertos supuestos «avivados»: «Van con celulares de última generación, camperas Adidas y las últimas Nike, fumando un cigarrillo mientras ‘buscan un plato de comida’… A mí no me engañan. Yo lo vi», comentó un hombre. Una mujer apoyó esta opinión: «Ves a las mamás con las pestañas y uñas hechas, y a los chicos en las peores condiciones». Otra persona lanzó una dura crítica política: «Tantos años de peronismo y ¿no se pudieron acomodar?». También se cuestionó la actitud de algunos hacia el trabajo: «Acá en Escobar hay demanda de empleo, y no se necesita ser muy profesional para limpiar un jardín o cortar el pasto en alguna de las miles de casas nuevas en los countries. Hay demanda de electricistas, plomeros, albañiles, personal doméstico… la excusa de la falta de trabajo acá no me la creo».

Otros participantes de la conversación virtual refutaron estas críticas: «La verdad es que los niños que vienen a recibir comida no son de familias que les va bien»; «No se puede ser tan insensible frente a una pobreza cuya magnitud ni el gobierno cuestiona»; «No hay trabajo, cerraron 10 mil empresas en tan solo 8 meses de ‘gestión’ de Milei», añadió alguien más.

La respuesta a este último comentario no tardó en llegar: «Siempre hubo ollas populares. Pero bueno, las cosas están cada vez más difíciles. No es de ahora, año tras año es así, o peor».

Las opiniones sobre este triste fenómeno fueron diversas. Y la realidad es innegable: cada vez más personas viven en la pobreza y la marginación en un país que, como mencionamos antes, fue un faro de progreso, desarrollo y destino de millones de inmigrantes provenientes de todo el mundo.