Escobar bajo el agua: entre la emergencia y las responsabilidades compartidas

Fue un fin de semana dramático. Sobre todo para las decenas de familias que vieron cómo el agua ingresaba en sus hogares, obligándolas a evacuar y dejar atrás, aunque sea por unas horas, todo lo que construyeron con esfuerzo. La situación fue crítica y, en algunos casos, desesperante.

Las cifras hablan por sí solas. Cayeron más de 300 milímetros de lluvia en el partido de Escobar. Es decir, casi el triple del promedio mensual de precipitaciones esperadas para mayo. Con puntos críticos como Loma Verde, Maquinista Savio e Ingeniero Maschwitz, y en algunos sectores la acumulación hídrica llegó a quintuplicar la intensidad de una tormenta habitual.

Frente a semejante temporal, el intendente Sujarchuk no tardó en aparecer en escena. El sábado recorrió algunos barrios afectados, como San Luis en Belén de Escobar y zonas cercanas a la Panamericana, al frente del Comité de Emergencia Municipal. Desde allí, destacó las tareas de monitoreo, asistencia y los operativos desplegados por el Municipio.

Pero las declaraciones del intendente no fueron bien recibidas por todos. “Queda claro que sin las obras realizadas, la situación hubiese sido muchísimo más compleja”, dijo, en un intento de poner en valor lo ejecutado. Para muchos vecinos que lo perdieron todo, sin embargo, esas palabras sonaron más a un intento fallido de alivio que a un verdadero consuelo.

La presencia del jefe comunal se reflejó en un video donde se lo muestra en plena tormenta, y que, mostró, según algunos vecinos, escenas que rozaron lo innecesario: asistiendo a un joven que no parecía necesitar ayuda o dirigiendo el tránsito dentro del agua, cuando a escasos centímetros podría haberse parado en seco. Detalles que, en el ojo crítico de la ciudadanía, se interpretan más como gestos de campaña que como liderazgo genuino.

Responsabilidades compartidas

Durante el fin de semana, las redes sociales y los grupos de WhatsApp fueron un hervidero de mensajes cargados de impotencia, angustia y críticas. Algunos apuntaron a la falta de infraestructura  y muchos reclamaron que “menos espectáculos y más obras” sería la fórmula que debería adoptar el gobierno local.

Otros, con un enfoque más institucional, defendieron el despliegue del Municipio, destacando la asistencia, el corte de árboles caídos y el trabajo conjunto con organismos nacionales y provinciales, y fuerzas de seguridad.

También hubo quienes adjudicaron la magnitud del desastre al cambio climático, y quienes señalaron responsabilidades compartidas: “los vecinos tiran basura, podan fuera de término, tapan bocas de tormenta”, decían. “El problema es de todos”, sentenció un usuario.

La falta de planificación urbana también fue foco de enojo:

“No entiendo cómo asfaltaron la calle Quintana más alta que los terrenos. ¡Ahora el agua entra a las casas!”,
“Caen dos gotas y las calles del centro se inundan. No es de ahora. ¡Esperemos que ahora hagan algo!”,
“Los grandes negocios inmobiliarios avanzan y los barrios quedan en el abandono total”,
“La culpa es de quienes rellenaron humedales para urbanizar. El agua no tiene a dónde ir”,
fueron solo algunos de los cientos de mensajes que circularon en estos días.

Uno de los casos que captó la atención fue el del músico Manu Ntaka, exintegrante del grupo Mambrú, quien quedó atrapado con su camioneta en el barrio La Bota, una de las zonas más afectadas. Gracias al rápido accionar de Defensa Civil y Bomberos Voluntarios, pudo ser rescatado a tiempo, antes de que el agua alcanzara niveles peligrosos.

Como en cada emergencia, fue fundamental el rol de quienes trabajan sin descanso cuando la tragedia golpea: Bomberos, Defensa Civil, Policía, Fuerzas Armadas. Entre todos llevaron adelante tareas de evacuación, repartieron alimentos, bebidas, ropa seca y contención para quienes, literalmente, lo perdieron todo.

Preguntas incómodas

Más allá de la emergencia, esta catástrofe nos deja preguntas incómodas pero necesarias: ¿se está planificando con perspectiva climática? ¿Estamos preparados para eventos extremos que, cada vez más, se vuelven frecuentes? ¿Existe un modelo de desarrollo que respete los límites naturales del territorio? ¿Y cuánto más puede resistir Escobar si no se toman decisiones de fondo?

La lluvia paró. Pero la bronca, el barro y la desconfianza quedaron. Ahora, más que nunca, hacen falta respuestas. Y no desde el agua, sino desde la responsabilidad.