Elogio del periodismo
Elogio del periodismo
Por D. Luzuriaga
En tiempos en que se promueve explícitamente desde la Presidencia el odio a los periodistas, o augura un ministro la extinción de su actividad -como si de obsoleta linotipia se tratara-, deseo fijar postura frente a estas amenazas expresas, que sólo buscan amedrentar a los medios de difusión y desprestigiarlos ante la ciudadanía.
Escribo estas líneas en carácter de colaborador del presente Periódico, siempre ad honorem, lo cual dejo asentado a la hora de reivindicar tan noble oficio, consustancial a la democracia y sin otro objetivo personal que preservar el intercambio de datos e ideas que es la savia cotidiana de la Libertad, según la Constitución consagra.
Por encima de todos los ataques y denuestos, el periodismo sigue siendo una actividad principalísima en la Argentina y en el mundo, mientras sus profesionales corren a diario peligros y riesgos concretos, los cuales van en alza pues según señala la ONU han muerto más de 5.000 periodistas en los últimos diez años, triste promedio de una víctima por semana y cuyo índice se duplicó hasta alcanzar 122 ataques fatales durante el pasado año.
En nuestro país, durante la convulsionada década de 1970, fueron ejecutados más de 220 periodistas, no solo bajo la dictadura militar sino desde incluso antes -durante el gobierno peronista del Frejuli, que incubó verdugos paraestatales en un ministerio. Ni siquiera la restauración democrática puso fin al letal peligro, como lo prueban los violentos y trágicos finales de Mario Bonino y José L. Cabezas.
Pese a lo cual existen casos donde los efectos del periodismo libre han logrado prevalecer -en sus denuncias contra el delito organizado, en informes sobre daño ambiental, en sus reportes sobre ilícitos diversos que consiguieron hacer juzgar a malvivientes comunes o a poderosos personajes -tanto de la política como de las finanzas o el clero- y obtener castigos judiciales contra los perpetradores, en medio de un sistema legal muchas veces puesto al servicio de la impunidad. Si ayer la CSJN confirmó como definitiva la condena a Cristina Fernández de Kirchner por innumerables delitos de corrupción, eso se debió en gran medida a informes periodísticos publicados durante la misma época en que Milei no se enteraba de los notorios desfalcos, ocupado como estaba en ser asesor rentado del ex gobernador Scioli.
Existiendo tamaños antecedentes, la prédica tóxica del actual gobierno contra “los periodistas” debe ser refutada y combatida en la arena pública. Dicha batalla les cabe no solamente a los profesionales del rubro sino asimismo al ciudadano de a pie, a las fuerzas vivas de la sociedad y a los propios dirigentes políticos y al Poder Judicial, cuya pasividad sólo alienta y favorece mayores agresiones. La inacción de jueces y fiscales, impasibles ante frases como “ir a buscar hasta el último rincón del planeta a los zurdos de mierda” (J.Milei, 22/1/25), o más recientemente “muerte al socialismo”, palabras proferidas por el Presidente días atrás en España, sólo dan aliento a mayor virulencia por parte de un líder que admite sin sonrojarse que el odio es uno de sus principales móviles. No muy distinto de las palabras del Che Guevara -quien desde el extremo opuesto del arco ideológico- reivindicaba al “odio como factor de lucha”. Los ataques físicos por parte de las actuales fuerzas de seguridad contra reporteros que cubrían protestas en CABA, con un fotógrafo que se salvó por milagro de sumarse a la lúgubre lista, son testimonio de que la cuestión dista de ser algo retórico.
El silencio y justificación por parte de muchos funcionarios -y también precandidatos- alineados con el gobierno nacional dan lugar a grandes interrogantes. Cabe preguntarles a Eduardo Gianfrancesco y a otros referentes de La Libertad Avanza en Escobar -también a sus aliados del PRO- si comparten patología tan entusiasta contra los periodistas como la que vocifera el conductor de su espacio y si tienen pensado salir a cazar zurdos de m… por rincones de este Municipio antes o después de las elecciones a las que se presentan; aclaración de suma importancia a la hora de poner la boleta en la urna. Aunque por mucho amor que en adelante profesen, existen razones para no creer demasiado en su apego a aquella Libertad que pregonan -cuando muestran la hilacha en torpes y fallidas querellas contra periodistas- y la cual sólo parecen aplicar al ámbito mercantil, o a la hora de ventilar sus destructivas emociones.
Vaya este último párrafo para destacar la ética profesional y el probado pluralismo del editor del Periódico El Cazador, quien me consta no ha sido ajeno a presiones políticas en estos años -y es hoy ruinmente discriminado por el megalómano intendente A. Sujarchuk- sin nunca arriar las banderas del periodismo independiente. Y de acceso gratuito, para mayor mérito. A él y a los lectores críticos que valoran los contenidos de su Periódico y de otras publicaciones -aun cuando no siempre concuerden con sus líneas editoriales- va dirigido este mensaje de reconocimiento, confiado en que la sociedad argentina y el periodismo que la refleja saldrán una vez más airosos ante las andanadas de quienes se ufanan de ser amantes de la Libertad -o de la justicia social-, aunque no hagan otra cosa que usarlas como cortina de humo, cuando las desprecian en sus dichos y las menoscaban en los hechos.
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Por supuesto que el oficio de periodistas es noble, pero cuando se desvirtúa sus objetivos principales que es buscar la verdad e informarla para convertirse en máquinas de mentir alegremente, hacer comentarios mal intencionados no existe el menor derecho a ofenderse.
En cuanto a los que siguen respetando los principios que hicieron grande a la profesión y que muchos defendieron hasta con su vida. No tienen porque hacerse cargo de los comentarios que saben no van dirigidos a ellos ni tampoco defender corporativamente a quien no se lo merece.
Tal vez sea el momento para que los periodistas comiencen a alinearse con las personas de bien y a separarse de quienes no aportan a la profesión más que vergüenza y desprestigio