Después de las urnas: la frustración de quienes no eligieron al oficialismo

Antes de comenzar, una advertencia: si usted, estimado lector, votó la lista oficialista en las últimas elecciones, probablemente esta nota no sea para usted. No busco convencerlo ni polemizar, sino expresar el estado de ánimo de quienes, cansados de lo que consideramos anomalías, irregularidades y promesas incumplidas, elegimos votar por la oposición. En democracia no todos pensamos igual, y aunque fueron mayoría, nosotros también existimos.

La sensación que predomina tras los comicios es de frustración y desconcierto. ¿Cómo es posible —nos preguntamos— que no hayamos ganado, si todo parece tan mal? ¿No ven los demás lo que nosotros vemos cada día?

Nos queda un pequeño consuelo: el intendente no obtuvo el apoyo abrumador que consiguieron otros jefes comunales bonaerenses. Pero es apenas eso: un respiro mínimo.

Los problemas están a la vista. La falta de cloacas y agua corriente, la inseguridad, los pozos, la suciedad, el abandono de los barrios, la escasa transparencia en las contrataciones y las sospechas en torno a licitaciones y gastos públicos. Y, como si fuera poco, el deterioro ambiental: humedales amenazados, basurales dispersos, ríos contaminados. ¿Todo esto solo lo vemos nosotros?

Y ahora que el oficialismo se siente respaldado, ¿por qué habría de cambiar algo? Si con este panorama igual recibió un fuerte apoyo, ¿qué incentivo real tiene para modificar el rumbo?

Nos queda esperar. Confiar en que en los próximos años surja una alternativa más eficiente, honesta y transparente. Mientras tanto, seguiremos padeciendo estas mismas realidades, escuchando cómo desde el poder nos dicen que no nos quejemos, porque “la gente votó”.

No es enojo ciego. Es desilusión, cansancio y una profunda sensación de incomprensión. Porque aunque no ganamos, también somos parte de este distrito. Y también queremos que las cosas mejoren.

Raucho