Daños reiterados en el espacio público
Daños reiterados en el espacio público
No decimos —ni creemos— que lo hagan a propósito. Sin embargo, se ha vuelto demasiado habitual que los camiones y máquinas viales encargados de levantar los montículos de poda dejen, a su paso, alguna forma de destrucción en la vía pública. La escena se repite: pilares quebrados, veredas astilladas, entradas de autos de material partidas como si fueran frágiles piezas de cerámica. Como ocurrió en las últimas horas en la calle El Zorzal, en Belén de Escobar (ver fotografía), donde la propietaria de una vivienda escuchó un “estruendo terrible” y, al asomarse a la vereda, encontró medio pilar de luz destruido, un poste caído, cables arrancados y basura desparramada, ya que también se rompió el tacho de residuos.
Todo ocurre en cuestión de segundos. Un movimiento mal calculado, una maniobra apurada, y el daño queda hecho. Lo que no se ve desde la cabina es la amargura que ese gesto mecánico deja en los frentistas: vecinos que se esfuerzan por mantener sus frentes prolijos, cuidados, dignos, y que de pronto se encuentran con un destrozo provocado por terceros, del cual —paradójicamente— deberán hacerse cargo ellos mismos.
Porque el daño no termina en la rotura. Luego viene el peregrinaje: encontrar a alguien que cobre lo menos posible, que trabaje bien, que tenga disponibilidad. A eso se suman el costo de los materiales y la mano de obra, un gasto imprevisto que irrumpe sin aviso en la economía mensual de una familia o de una persona sola, ya de por sí ajustada.
Hay, además, otra forma de afeamiento persistente que dejan estas moles de hierro y ruedas: las profundas excavaciones que abren sus palas cada vez que levantan un montículo de ramas. Zanjas irregulares, bordes desmoronados, cicatrices abiertas en la calle o en la vereda. Que el lugar quede feo, desprolijo o que incluso represente un peligro para un peatón distraído o un automóvil que cae en él, no parece ser una preocupación para el Municipio.
“El intendente tiene suerte”, comentaba días atrás un lector. Vive en un lugar que no depende de la administración municipal, sino de privados que se ocupan de garantizar el orden, la limpieza y la prolijidad de su barrio cerrado. Una realidad muy distinta a la que enfrentan, todos los días, quienes habitan el espacio público real: el que no tiene cerco, ni guardia, ni mantenimiento asegurado.
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Son todos unos improvisados!!! La verdad no entiendo cómo pueden estar en esos puestos.si entiendo favores que se deben