Cuando la solidaridad reemplaza a la gestión pública
“Frente al individualismo, Escobar responde con una marea de solidaridad en sus instituciones”. Con esa consigna, el secretario general de Gobierno, Beto Ramil, anunció las Jornadas Solidarias Simultáneas que se realizarán el 14 de marzo en 17 instituciones del partido de Escobar. La propuesta convoca a vecinos y organizaciones a colaborar en tareas de mejora en escuelas, clubes y espacios comunitarios. «Vecinos, vecinas y el Municipio trabajarán en conjunto para poner en valor clubes, escuelas y plazas del distrito. La iniciativa tiene como objetivo fortalecer los lazos en los barrios y concientizar sobre el cuidado de las instituciones y espacios compartidos del partido. La actividad se llevará a cabo de manera simultánea en escuelas, clubes, plazas y lugares públicos, en distintos puntos del distrito», afirma un comunicado emitido por la Municipalidad.
En principio, la iniciativa parece loable. La solidaridad social y la participación comunitaria son valores que toda sociedad debería fomentar. Sin embargo, la propuesta abre una pregunta incómoda pero inevitable: ¿hasta dónde llega la solidaridad ciudadana y dónde comienza la responsabilidad del Estado?
No se trata de cuestionar la voluntad de los vecinos dispuestos a colaborar. De hecho, el espíritu solidario suele aparecer allí donde las necesidades son más evidentes. El interrogante apunta más bien a la lógica política detrás de estas convocatorias. Porque cuando una administración con años de gestión convoca a la comunidad a reparar o mantener escuelas, clubes, plazas y lugares públicos, algunos ciudadanos se preguntan si no se está trasladando a la sociedad una tarea que corresponde a la gestión estatal.
La escena, además, suele repetirse: funcionarios rodeados de cámaras, equipos de comunicación registrando cada gesto y videos que luego circularán en redes sociales mostrando a la dirigencia “trabajando junto a la gente”. La imagen es potente desde lo simbólico, pero también despierta suspicacias. ¿Se trata de participación comunitaria genuina o de una puesta en escena cuidadosamente diseñada?
En las redes sociales, el debate no tardó en aparecer. Algunos vecinos celebran la iniciativa; otros la cuestionan con dureza. “Está bien que los vecinos colaboren, pero sería mejor que trabajen los empleados municipales”, escribió uno de ellos. Otro fue más directo: “Diez años de gestión. Todo debería estar en orden”.
Las críticas apuntan, sobre todo, al peso de los impuestos y a la percepción de que el mantenimiento de escuelas y espacios públicos debería estar garantizado por el Estado. “Pagamos tasas e impuestos para que esas cosas funcionen”, señalan varios comentarios.
La discusión, en el fondo, no es nueva. En muchos municipios del país conviven dos ideas que a veces se superponen: la comunidad organizada y el Estado responsable. Cuando ambas se complementan, la participación ciudadana puede fortalecer el tejido social. Pero cuando la solidaridad parece reemplazar a la gestión pública, el límite se vuelve difuso.
Tal vez la verdadera pregunta no sea si los vecinos deben o no participar en estas jornadas. La pregunta es otra: ¿qué lugar ocupa la solidaridad cuando los ciudadanos ya sienten que contribuyen —y mucho— a través de sus impuestos?
Porque la solidaridad, cuando es genuina, nace de la voluntad. Cuando se vuelve necesaria para cubrir lo que debería garantizar el Estado, el debate político deja de ser simbólico y pasa a ser profundamente estructural.
En redes sociales aparecieron múltiples reacciones críticas sobre la iniciativa. “Diez años de gestión: todo debería estar en orden, caballero”, “Hay que trabajar mucho para pagar todos los impuestos y tasas municipales. Encima hay que ir a arreglar escuelas con la cantidad de empleados públicos que hay. Es una locura.”; “¿Jornada solidaria? Todos pagamos impuestos para que las escuelas estén en condiciones. Si un funcionario avala estas iniciativas, demuestra lo mal que administran los recursos públicos”; “Con toda la gente que contrataron, necesitan vecinos para colaborar. ¿Por qué no los hicieron trabajar en febrero para que los niños comiencen las clases como merecen?”; “En cualquier momento nos ponen a hacer bacheo en las calles o a juntar la basura acumulada, algo que los municipales no están haciendo.”, “Jajajaja, como los ‘ñoquis’ del municipio no limpian, sacan a la gente y dicen que es una jornada solidaria.”, “Progreso hacia atrás.”, «Con lo que cobran de impuestos, lo mejor sería correrse. Los vecinos harían mejores cosas con ese dinero.”
Es importante que el ciudadano participe. Las iniciativas de la comunidad generan muy buenos resultados. Sin embargo recuerdo que solo los padres que integraban las cooperadoras podíamos hacer tareas como las que cuenta este artículo, pero ningún otro voluntario lo tenía permitido por temas legales, siendo padres del colegio, abuelo o lo que sea. Parece que esto cambió y festejo que así sea.
Pero entiendo que la iniciativa debe emanar de los ciudadanos, no de los funcionarios, para que no se confunda. El ciudadano puede colaborar, el funcionario DEBE cumplir con su función para lo que fue elegido.
Aceptar la solidaridad ofrecida por los vecinos con el mantenimiento y mejoras de escuelas, clubes y ESPACIOS PÚBLICOS me parece bien, pero hacer un llamado publico para que los vecinos hagan los trabajos que deberían hacer los cientos de vagos al «cuete» del plantel municipal, me parece horrible de parte del sr. Intendente sustituto o de quién puso en su boca confesión tan tremenda. El municipio no es capaz de gestionar sus obligaciones.
Es una miserable «mis en scène puesta en marcha por políticos de baja estofa,que se hacen autopropaganda a través de militantes descerebrados. Que dispongan honesta y dignamente del erario público para cumplir con lo que corresponde al minicipio y dejen de hacer espectáculos circenses
Con la cantidad de empleados municipales y ñoquis que cobran un sueldo y no hacen nada…me parece cualquiera la verdad.
Una cosa es que vecinos quieran dar una mano y otra que la Municipalidad no haga lo que corresponde. En cualquier momento nos mandan a levantar la poda a nosotros…