Cruce premium: dura lo que la pintura

En Escobar, salvo contadas excepciones en algunas esquinas céntricas, las sendas peatonales son poco más que un recurso ornamental. O peor aún: una evidencia expuesta del incumplimiento sistemático de una norma de tránsito cuya razón de ser es tan simple como priorizar y respetar al peatón.

Pero en Escobar esa señal también adquiere otro significado. Se convierte en símbolo de un Estado muy alejado del «DASE» —sigla que alude a un modelo Dinámico, Ágil, Sencillo y Eficiente (ex “Estado Presente”)— que el intendente Sujarchuk suele proclamar. Cada vez que se pintaron, la comunicación oficial celebró la intervención, subrayó la presencia estatal y destacó la gestión municipal. En los hechos, sin embargo, se trata de una obra que se diluye con la misma rapidez que la pintura sobre el asfalto.

Porque, como ocurre con buena parte de la obra pública local, los materiales empleados distan de ser durables. A los pocos meses, las sendas se desvanecen hasta desaparecer por completo y, con ellas, la señal que intenta ordenar y proteger. Entonces, todo vuelve a foja cero.

No es un problema nuevo. Ya hemos señalado en reiteradas ocasiones la falta de iniciativa de nuestros funcionarios y la escasa probabilidad de que algo se repare o mejore sin la presión previa de vecinos que alzan su voz en redes sociales o en algunos medios independientes. Tampoco parecen ofrecer respuestas eficaces los canales formales de reclamo —UGC, Flora y otras dependencias que se superponen en funciones—, cuya existencia no logra traducirse en soluciones concretas.

Poco importa si el origen del problema radica en la falta de recursos, en la desidia administrativa, en la ausencia de iniciativa o en el contexto de las políticas nacionales. Lo cierto es que la realidad inmediata, el aquí y ahora, habla por sí sola. Y lo que muestra, una vez más, está lejos de lo que debería esperarse.