Caso Bingo: la Municipalidad respondió al requerimiento judicial

El capítulo en torno a la habilitación de la sala de bingo en Ingeniero Maschwitz suma cada día más controversias y menos apoyos. Como comentamos días atrás (Jueza exige revelar todo sobre el bingo) , el pasado 3 de julio venció el plazo establecido por la jueza Mónica Ayerbe para que el intendente Sujarchuk entregue información clave sobre el proceso de aprobación del proyecto, en el marco de una causa judicial iniciada por vecinos autoconvocados.

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En concreto, la magistrada exigió conocer quiénes son los desarrolladores del emprendimiento y los propietarios del terreno, si hubo rezonificaciones o excepciones urbanísticas, si el gobierno de la Provincia de Buenos Aires aprobó el proyecto, si se realizaron audiencias públicas y si existió un estudio de impacto ambiental antes de que el Concejo Deliberante aprobara la ordenanza habilitante. Todo eso, y más, debía figurar en la documentación requerida.

¿Qué respondió la Municipalidad?

Según reveló el diario Clarín, el Municipio presentó un extenso escrito ante la Justicia en el que sostiene que no dispone de información sobre los desarrolladores ni sobre los propietarios del predio, ya que —según su versión— aún no se habría presentado de manera oficial el proyecto para ejecutar la obra. Además, agrega que en caso de que el emprendimiento avance, se llevarán a cabo los estudios técnicos y las instancias de consulta ciudadana correspondientes.

El argumento resulta, cuanto menos, paradójico: mientras toda la maquinaria administrativa y política —desde el Ejecutivo hasta el Concejo Deliberante— se movió con agilidad para autorizar la ejecución del proyecto, la documentación fundamental para respaldarlo brillaría por su ausencia.

La resistencia vecinal, un actor clave

En este contexto, el rol de los vecinos autoconvocados emerge como un factor decisivo. Lejos de permanecer en silencio, reaccionaron con celeridad y contundencia, movilizándose por los canales judiciales y sociales para impedir lo que perciben como una imposición sin consenso.

Una pregunta se impone: ¿estaría dispuesto un inversor a desarrollar un emprendimiento de esta magnitud en un territorio donde la comunidad ya ha demostrado su rechazo de manera abierta y activa? La posibilidad de boicots, movilizaciones y otras formas de resistencia vecinal no parecen, a simple vista, un escenario atractivo para quien pretenda apostar a largo plazo.

La historia del bingo en Maschwitz sigue abierta, pero si algo ha quedado claro es que la ciudadanía está dispuesta a dar batalla, y que las dudas en torno a la legalidad y transparencia del proceso están lejos de disiparse.