Cartelería eterna: patrimonio municipal

Ingeniero Maschwitz

El amor que esta administración municipal le profesa a los carteles es, sencillamente, conmovedor. Ya lo hemos dicho más de una vez, pero la realidad insiste en darnos material. El Parque Papa Francisco en Ingeniero Maschwitz es un ejemplo modelo de este entrañable vínculo con la cartelería (ver encabezado). Poco importa si los letreros ya no cumplen función alguna, desgastados, rotos o directamente ilegibles. Lo esencial, al parecer, es sostener la presencia simbólica del cartel, como parte inseparable del paisaje de Escobar, junto con las calles de tierra, la suciedad y la ausencia de servicios básicos. El Escobar de la “Fuerza de la Gestión” claramente no se detiene en nimiedades.

Barrio Doña Justa

 

En la calle Mocoretá, del barrio Doña Justa, numerosos postes continúan sosteniendo —con una lealtad digna de mejor causa— los carteles de la campaña política del año pasado del oficialismo. Quizás sea porque el intendente y los ahora concejales se ven especialmente fotogénicos, o porque ningún funcionario ha tenido la osadía de recorrer esa cuadra. También cabe la posibilidad, no menor, de que su persistente exhibición no despierte la más mínima inquietud. Sea cual fuere la razón, allí siguen, firmes, como si el tiempo no pasara.

El Cazador

En El Cazador, en cambio, la iniciativa cartelera quedó en manos de los vecinos, que decidieron colgar sus propios mensajes: “Acá no se hace asfalto”. Una consigna simple y contundente que describe el estado calamitoso de las calles en general, y de “las del fondo” en particular.

Aquí, curiosamente, es posible que la diligencia municipal vuelva a activarse —tal como ocurrió con la primera tanda de letreros instalados por vecinos indignados—, aunque no precisamente para resolver el problema de fondo, sino para retirar estos originales y algo incómodos carteles vecinales que se atreven a competir con la prolífica y celosamente conservada cartelería oficial.