Gestión municipal tras ser mordido por un perro
«Inesperadamente, uno de los perritos del vecino con el que dialogaba en la calle me mordió, causándome una herida de escasa consideración, pero lo suficiente como para preocuparme, ya que emanaba sangre», recuerda Iván (nombre modificado). El incidente le hizo tomar conciencia de dos peligros que podía enfrentar. Por un lado, la saliva del animal, que contiene bacterias que pueden provocar diversas enfermedades, se le había introducido en su cuerpo, aumentando el riesgo de sufrir una infección. Como auxilio inmediato, el dueño del can lo asistió colocándole en la herida un antiséptico. En segundo lugar, la temible rabia también podría transmitirse a través de la saliva.
Iván acudió en primera instancia al Hospital Provincial Erill, ya que era fin de semana, donde fue atendido por un médico clínico que le recetó un antibiótico y la vacuna antitetánica. En la farmacia le querían cobrar 120.000 pesos, cifra que pudo ahorrar al acercarse el lunes siguiente al centro de salud municipal Catalina de Lalli, ubicado en la calle Frutos González 996, en cercanías de Zoonosis. Este establecimiento y Zoonosis son clave en caso de mordedura de un animal.
En el centro de salud se elaboró un formulario con los datos de la víctima y del perro. Según el protocolo, se debe acudir luego a Zoonosis, cuyo personal acudirá dentro de las 24 horas al domicilio del perro para notificar a sus dueños su obligación de poner al animal bajo control de un veterinario. En caso de querer hacerlo con la intervención de Zoonosis, esta dependencia debe retenerlo para dejarlo bajo control; de lo contrario, el dueño puede dejarlo encerrado en su propiedad y efectuar el control con su veterinario.
El problema surge si la víctima de una mordida lo fue en la vía pública, por un animal cuyo dueño no conoce. En ese caso, posiblemente, el médico clínico determinará colocar la inyección antirrábica, cuya cantidad de vacunas asciende aproximadamente a 5, y que también se aplican de forma gratuita en el centro de salud municipal.
Con respecto a la vacuna antitetánica, Iván luego averiguó que la aplicación que le habían dado no era lo que realmente necesitaba. Tras una mordedura, la víctima debe recibir el suero antitetánico, cuya acción en el organismo humano es inmediata, a diferencia de la vacuna antitetánica, cuyos efectos tardan unos días en hacerse notar. En el caso que nos involucra, al no tener el centro de salud dosis del suero, se resolvió aplicar la vacuna antitetánica.
Hasta ese momento, todo había funcionado bien. La atención y la respuesta del Estado habían resultado certeras, a excepción del caso de la falta de aplicación del suero antitetánico, que no fue administrado debido a la carencia del mismo en la dependencia pública.
En Zoonosis, la atención también fue esmerada. Después de completar un formulario, debía iniciarse el control del animal. Iván se desentendió del tema hasta que supo que el animalito había sido trasladado por su dueño en automóvil desde su casa hasta Zoonosis en cada oportunidad del control. Un veterinario al que le comentó el hecho quedó estupefacto: «De ningún modo puede procederse de semejante manera», le respondió alarmado. «Imagínate que el perro se escape en el trayecto o, de tener rabia, muerda a otras personas. La ley impone que el animal debe hacerse una observación durante 10 días ya sea en la propiedad particular de su dueño por parte de un veterinario particular o en la dependencia de Zoonosis donde deberá quedar albergado durante también 10 días». El comentario del profesional inquietó a Iván, quien acudió a la dependencia municipal para solicitar información; allí fue atendido por un funcionario que le explicó que podía suceder que al concurrir Zoonosis al domicilio particular no estuviera el dueño y que no podían volver una y otra vez. Otro argumento esgrimido era la cantidad de trabajo que tiene el personal, limitando su posibilidad de acudir en toda ocasión al domicilio del perrito.
Iván quedó relativamente tranquilo luego de saber que el perro había sido controlado durante las 10 sesiones que corresponden por protocolo.
Su historia había concluido.
Sin embargo, las prácticas inadecuadas en el traslado del animal deberían ser revisadas para prevenir posibles consecuencias desgraciadas.
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