Polémica por un cartel político: el diputado Leo Moreno cuestionó una nota publicada por este medio

La nota «Nos toman del pelo», publicada ayer en nuestra sección Breves Locales, suscitó un intenso intercambio de opiniones y motivó una inusual cantidad de mensajes. De hecho, la repercusión fue tal y la cantidad de comentarios continuó creciendo durante toda la jornada, que al cierre de esta edición nos vimos obligados a interrumpir su reproducción en la sección Opinan los Lectores. Lejos de incomodarnos, nos satisface haber publicado numerosas opiniones, muchas de ellas claramente contrapuestas entre sí, permitiendo que cada lector pueda sacar sus propias conclusiones a partir de una amplia diversidad de expresiones y elementos de juicio.

Uno de los mensajes recibidos pertenece al diputado provincial Leo Moreno, cuya imagen aparece junto a la del intendente Sujarchuk en el polémico cartel instalado sobre la colectora entre Belén de Escobar e Ingeniero Maschwitz. Vale aclarar que la fotografía fue remitida por una lectora, integrante de esa amplia red de «corresponsales» informales que, de forma espontánea y desinteresada, nos hacen llegar información desde diversos rincones del partido de Escobar.

Mensaje del Diputado Moreno:

Hubiera estado bueno que, como buenos periodistas, consultaran antes con  las fuentes. Les habríamos podido confirmar que no hay ni un solo peso público, municipal ni provincial involucrado. El cartel fue cedido sin costo por su propietario y la impresión de la lona corre por mi cuenta. Curioso que sean tan rigurosos para cuestionar a dirigentes peronistas y tan distraídos cuando se trata de investigar la corrupción de Adorni, el caso Libra, las coimas de Karina Milei o, sin ir más  lejos, a los propios libertarios de Escobar, que financian redes truchas, carteles y eventos. El ABC del periodismo serio es informar, no desinformar; verificar, no especular; y chequear siempre con las fuentes antes de publicar. Lo demás se parece más a una operación que a una noticia.

Con relación a la respuesta, el diputado afirma que «no hay ni un solo peso público, municipal ni provincial involucrado. El cartel fue cedido sin costo por su propietario y la impresión de la lona corre por mi cuenta». Más allá de esa explicación, este tipo de aportes o cesiones vinculados a la actividad política inevitablemente plantea una serie de interrogantes. ¿Resulta verosímil que un particular asuma un desembolso de semejante magnitud sin esperar nada a cambio ni perseguir interés alguno, presente o futuro? Y, al mismo tiempo, ¿de qué manera puede descartarse por completo la existencia de algún tipo de presión, condicionamiento o expectativa generada por quienes ejercen funciones públicas? ¿Qué compromisos genera una atención de este tipo? ¿Qué contraprestaciones, explícitas o implícitas, podrían derivarse de ella?

Por otra parte, respecto de su afirmación referida a que este medio es «tan riguroso para cuestionar a dirigentes peronistas», corresponde hacer una aclaración. No se trata de una casualidad ni de una actitud selectiva. La dirigencia peronista es la que actualmente ejerce el gobierno municipal y administra los recursos aportados por todos los contribuyentes. Ese es el eje central del debate local.

Tampoco somos «distraídos» frente a las denuncias de presunta corrupción en el ámbito nacional. Simplemente, nuestro medio tiene como principal objetivo informar sobre la realidad local y los asuntos vinculados al partido de Escobar. Del mismo modo, rara vez abordamos cuestiones de alcance provincial, salvo cuando guardan una relación directa con nuestro distrito.

Podemos asegurarle al señor Moreno que la transparencia que promovemos desde este medio rige para todos los gobernantes por igual, independientemente de su pertenencia política. Se trata de principios y valores en los que creemos firmemente. Y si mañana le tocara a la oposición asumir el gobierno, allí estaríamos también, sosteniendo la misma bandera de la lucha contra la corrupción y señalando aquello que deba ser señalado.

Precisamente porque nuestra posición no está condicionada por simpatías o antipatías partidarias, también creemos necesario señalar una práctica que merece ser revisada: la obsesión por inundar el espacio público con cartelería política. Se trata de un fenómeno que, por su magnitud, parece casi una singularidad de Escobar. No se observa semejante despliegue propagandístico en otros distritos del conurbano, ni siquiera en aquellos gobernados por intendentes justicialistas.

Y este letrero en particular, para colmo, muestra al intendente y al diputado sonrientes, en una imagen que resulta completamente fuera de contexto frente a la realidad que atraviesan miles de escobarenses. Mientras numerosas familias deben hacer esfuerzos cada vez mayores para llegar a fin de mes, la exhibición de una propaganda de estas características transmite una preocupante sensación de desconexión con los problemas cotidianos de la comunidad. En momentos como estos, sería deseable una mayor dosis de sensibilidad y mesura, porque la política no debería perder de vista las dificultades que enfrentan a diario los vecinos a quienes dice representar.

Finalmente, coincidimos en que toda información debe ser debidamente verificada. Sin embargo, la publicación en cuestión —que volvemos a reproducir al pie de esta nota— combinaba información con opiniones y reflexiones claramente identificables como tales. Parte de su contenido corresponde a comentarios y apreciaciones subjetivas, sin pretensión de constituir una verdad absoluta ni de exigir coincidencia con ellas.

Nota difundida en nuestra edición de ayer, que generó la reacción y posterior mensaje del diputado Leo Moreno:

¿Nos toman del pelo?

«¿Cuánto nos costó el nuevo cartelito?». La pregunta fue formulada por una de nuestras lectoras luego de transitar por la colectora entre Escobar e Ingeniero Maschwitz y encontrarse con una nueva pieza de comunicación oficial. Su comentario refleja un malestar que parece ir más allá del cartel en sí. «¿Nos toman del pelo? No hay plata para calles, baches, alumbrado público ni limpieza, supuestamente por culpa de Milei. Pero sí la hay para la propaganda política, gracias a nosotros, los estúpidos que pagamos nuestras tasas para que ellos se den el gusto de mirarse en un cartel», expresó con evidente enojo. Más allá de la dureza de las palabras, la reflexión plantea un interrogante que muchos vecinos se hacen cada vez con mayor frecuencia: ¿cuáles son las verdaderas prioridades de quienes administran los recursos públicos? Mientras numerosos contribuyentes enfrentan dificultades económicas, observan el deterioro de servicios básicos o reclaman obras que nunca llegan, la publicidad institucional continúa apareciendo en calles, rutas y espacios públicos. La bronca existe y no parece menor. Tal vez parte de la dirigencia política esté subestimando el nivel de cansancio de quienes trabajan todos los días, cumplen con el pago de tasas e impuestos y esperan que ese esfuerzo se traduzca en mejores servicios y una administración austera de los recursos comunes. Cuando la distancia entre las necesidades cotidianas de los vecinos y las prioridades de quienes gobiernan se vuelve demasiado grande, inevitablemente surge la sensación de que unos pocos están concentrados en preservar su presente, proyectar su futuro político y consolidar cuotas de poder, mientras el resto sigue esperando respuestas concretas a problemas cada vez más urgentes.