Peligro en una plaza: una madre denuncia que su hijo de 8 años recibió una descarga eléctrica

¿Debe la Municipalidad controlar absolutamente todos los riesgos que existen en la vía pública para prevenir accidentes? ¿O no cuenta con un plantel de empleados suficiente para afrontar una tarea de semejante envergadura? El interrogante vuelve a imponerse con crudeza cada vez que un hecho evitable sacude a la comunidad.

Es cierto que existen accidentes o incidentes derivados del descuido o la irresponsabilidad individual. Sin embargo, en los últimos tiempos se han multiplicado episodios que exceden largamente esa explicación y que terminan costando vidas humanas o poniendo en grave riesgo la seguridad de vecinos y transeúntes. Árboles y postes que caen y provocan muertes, vehículos que se precipitan en zanjas profundas sin guardarraíl ni señalización alguna, peatones que caen a la calzada y sufren fracturas como consecuencia de baches en calles y veredas. A esta preocupante lista se suma ahora un nuevo episodio que, por azar o fortuna, no terminó en tragedia, pero que pudo haber tenido un desenlace fatal: esta vez, la víctima potencial fue un niño.

“La semana pasada, mi hijo de 8 años y yo vivimos un episodio aterrador en la mini plaza de Garín», relató una mujer en una red social. «Habíamos ido allí con mis hijos y una familia amiga para pasar un buen rato. Cuando llegó la hora de irnos, le dije a mi hijo que ya era hora de volver. Él estaba jugando con una pelota en el espacio verde cerca de la calesita y el caminito. Dejó sus zapatillas al lado del poste de luz y, para nuestra sorpresa, se electrocutó».

Según contó, la situación derivó en una corrida desesperada hacia el hospital. “Afortunadamente, todo salió bien. «La policía y los servicios de emergencia fueron notificados, y al día siguiente, se confirmó que el poste de luz estaba dando descargas eléctricas y fue retirado».  La mujer explicó que decidió compartir la experiencia “para que otros padres estén atentos y no tengan que pasar por lo mismo”.

El testimonio generó casi 200 respuestas. La solidaridad fue unánime, pero también afloraron advertencias y denuncias que exponen un problema más amplio: el estado de abandono que muchos vecinos perciben en los espacios públicos. “Cuando vayan a plazas y haya pasto cerca de un poste, fíjense siempre que no esté quemado o que no tenga un color distinto al resto del césped”, aconsejó una usuaria. Otros comentarios reflejaron temor: “Yo les tengo pánico a los postes de luz, por eso jamás dejo que se acerquen y menos que los toquen”; “Cuando voy a la plaza estoy a cada rato diciendo ‘no toquen los postes’”. También hubo relatos directos de situaciones peligrosas no resueltas: “Hace unos meses vimos un poste con todos los cables pelados, justo donde jugaban los nenes. Avisamos a la policía de la garita y no nos dieron mucha importancia. Se fueron y al otro día apenas le pusieron una cinta”. Las referencias se repiten en distintos puntos del distrito: “En la plaza de la estación de Escobar los postes están igual; no sé si hay corriente, pero hay cables sueltos”; “Vayan al Parque Papa Francisco: columnas remendadas, tapas sujetas con precintos de plástico, cables subterráneos a la vista, tableros sin llave. Todo es parche sobre parche”. Incluso hubo quienes aportaron precisiones técnicas: “Son columnas de alumbrado. Cada una debería tener descarga a tierra con su correspondiente jabalina”.

Entre la indignación y la búsqueda de soluciones, también aparecieron pedidos concretos a las autoridades: “Si son muchos y están al pedo, deberían salir tres veces por semana a verificar que los postes estén en condiciones, sobre todo donde se juntan chicos”; “Las plazas deberían tener iluminación solar y un cuidador permanente”.

La pregunta inicial vuelve entonces con más fuerza. No se trata de exigir lo imposible, sino de evitar lo inadmisible: que el espacio público, pensado para el encuentro y el disfrute, se transforme en una trampa silenciosa donde el descuido, la desidia o la falta de control pueden convertir una tarde cualquiera en una tragedia.