Ingeniero Maschwitz en palabras de sus vecinos
El amor por la “patria chica” se respira en todas las localidades del partido de Escobar. E Ingeniero Maschwitz, conocido como pueblo de la cultura y Capital Nacional del Amigo, no queda al margen de ese sentimiento. Quienes viven en este rincón verde del distrito suelen expresar con orgullo el fuerte vínculo que los une con su lugar.
«Entre 1910 y 1911 se construyó la actual estación del Ferrocarril Central Argentino y, el 4 de marzo de 1910, se la denominó Ingeniero Maschwitz en honor al ingeniero Carlos Maschwitz, quien junto a su amigo el Ing. Emilio Mitre logró la sanción de las leyes ferroviarias 5312 y 5315», se escribió días atrás en una conocida red social de la localidad.
A partir de esa publicación, muchos vecinos compartieron recuerdos y reflexiones que reflejan el afecto y el sentido de pertenencia hacia el lugar donde viven. Algunos incluso destacaron haber nacido allí, reforzando el lazo con su comunidad.
«El pueblo de nuestros abuelos, de nuestros padres y donde nací y crecí, junto a mis amigos queridos. ¡Te amo!», expresó una vecina. Otro comentario reflejó la nostalgia por el paso del tiempo: «Yo no me podría ir nunca de Maschwitz. Nací acá, por suerte, y ya van 45 años. La infancia y la adolescencia fueron la mejor etapa. Ahora está muy cambiado: muchos autos y gente de barrios cerrados. Le llaman progreso, pero a mí dejame el Maschwitz de los 90».
También hubo quienes resaltaron el espíritu de comunidad que aún se conserva: «El pueblo más lindo de todos. Todavía quedan familias tradicionales y muy buena gente. Por algo la gente se vino a vivir a nuestro pueblo, pero tenemos que cuidar mucho nuestra flora y nuestra fauna. Queda poca y no debemos perder nuestra esencia. Lo que más amo de Maschwitz es que vas por la calle y todos te saludan. Eso tenemos que cuidar».
Los recuerdos personales también aparecieron en muchos mensajes: «En nuestra iglesia tomé la comunión con mi hermosa hermana Raquel y, por supuesto, me casé en 1969. Todo Maschwitz es muy hermoso, con árboles que se conservan muy bien en muchas calles del pueblo, como la calle Córdoba. ¡Cuánto podría escribir! Gracias Maschwitz… solo eso: gracias».
Otro vecino recordó cómo era el lugar décadas atrás: «Vine a vivir a los 8 años y era un lugar poco poblado, muy lindo. Desde donde vivo veía la estación como si estuviera muy lejos, porque había campos. Ahora en cinco minutos llego. Me encanta mi pueblo, no lo cambio por ningún otro lugar. Lo más lindo es ir a la tarde a tomar mate al Papa Francisco, mirar el progreso del pueblo y recordar mi infancia».
Las voces se repiten con un mismo hilo conductor: el cariño por el lugar. «Bendiciones, mi segundo pueblo, como digo siempre. Soy de la cuna del Sargento Cabral y estoy acá desde el 92. Ha cambiado muchísimo desde entonces, pero para mí siempre será un pueblo», comentó otro vecino. Y entre frases breves y directas también se resume ese sentimiento: «Mi lugar en el mundo», «Maschwitz es Maschwitz, lo mejor. Hace 55 años que vivo en esta ciudad. Antes era mucho más tranquilo, pero no estoy en contra del progreso», o «Mi Ingeniero Maschwitz: jardín, primaria y secundaria… qué hermosos recuerdos. Hoy también lo viven mis hijos y mis nietos».
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