El método de cooptación: de las instituciones intermedias al conjunto social

Las instituciones intermedias de Escobar se han caracterizado históricamente por organizarse y conducirse de manera independiente, eficiente, responsable y honrada. Integradas por vecinos con una genuina vocación de servicio y con intereses específicos, abarcan un amplio abanico que va desde las entidades de colectividades extranjeras hasta organizaciones vinculadas al cuidado del medio ambiente, asociaciones vecinales, culturales, de beneficencia y una infinidad de iniciativas que reflejan la diversidad de intereses de la comunidad.

Estas organizaciones, conformadas por personas con pensamientos políticos diversos, tuvieron siempre un denominador común: mantener a la política partidaria fuera de sus estructuras. Frente a las autoridades municipales, supieron sostener una relación institucional basada en el respeto, pero nunca en la subordinación ni en vínculos que habilitaran la intromisión de la política en sus espacios. El objetivo central fue, y debería seguir siendo, llegar a la comunidad de manera amplia, sin ataduras que condicionen su accionar ni generen el rechazo de aquellos sectores de la sociedad que no se identifican con la administración circunstancial de turno.

La independencia de la comunidad organizada resulta clave para preservar su legitimidad. Involucrarse en la política partidaria —que tantas veces, y especialmente en las últimas décadas, ha dividido a la sociedad— no solo limita su alcance, sino que erosiona su razón de ser.

Días atrás, un lector de este periódico expresó una reflexión que, quizás, muchos observan pero pocos se animan a decir en voz alta:
«Lo que realmente me indigna es que la iniciativa privada haya dejado de existir como tal: todo parece tener que colgarse, inevitablemente, de la Municipalidad. Resulta penoso comprobar cómo muchas organizaciones intermedias del distrito han perdido identidad».

Lo que describe el lector está ocurriendo en Escobar, y por primera vez en su historia. Nos atreveríamos incluso a afirmar que el distrito bate récords en esta materia.

Cuando el intendente Sujarchuk asumió la conducción del Municipio, traía consigo un bagaje de herramientas adquiridas durante su paso por el Ministerio de Desarrollo Social en tiempos de Alicia Kirchner y de su experiencia en el ámbito de las comunicaciones, una empresa cuya continuidad, por cierto, no resulta del todo clara.

La captación de la sociedad se fue produciendo de manera gradual y extraordinariamente dúctil. La publicidad omnipresente, encarnada en carteles de obras públicas diseminados por todo el distrito, terminó por convertirse en una marca registrada, sin que importara el origen de los fondos —municipales, provinciales, nacionales o incluso privados—: todo acababa siendo atribuido al intendente. Muchos de esos carteles aún permanecen en pie pese al paso de los años, fieles a una lógica tan simple como eficaz: cuantos más carteles a la vista, más obra pública aparente; y cuanta más obra visible, mayor acompañamiento social.

A ello se suma la creación de miles de puestos de trabajo en el Estado, una estructura que hoy resulta onerosa de sostener, pero que permitió incorporar a  jóvenes de todos los barrios y localidades del distrito, provenientes de las más diversas realidades socioeconómicas. Aunque perciben salarios modestos, cuentan con empleos cercanos a sus hogares y con cargas horarias reducidas que les permiten continuar estudiando o desarrollar otras actividades, siempre bajo la consigna implícita del agradecimiento personal: todo, “gracias a Ariel”.

El esquema se completa con un discurso paternalista, demagógico y populista, orientado a conservar la fortaleza del peronismo —hoy kirchnerismo— en localidades como Maquinista Savio y Garín, donde persiste una histórica adhesión al partido fundado por el general Perón.

Otro elemento central es la entrega masiva de distinciones, concebidas como un recurso para convocar a la mayor cantidad posible de vecinos. A estos actos se suma, invariablemente, la presencia obligada de empleados municipales que, al fin y al cabo, deben agradecer a su jefe político el puesto que ocupan. Deportistas, comerciantes, vecinos, integrantes de entidades intermedias: todo sector es funcional para acercarse a la gente, aunque sea a través de un diploma que muchas veces se acepta más por compromiso que por convicción. Para el intendente, el esfuerzo siempre parece valer la pena.

Así, como venimos señalando, muchas organizaciones intermedias terminaron siendo cooptadas por el Municipio. La negativa a aceptar ofrecimientos de participación en la organización, difusión o acompañamiento de actividades oficiales puede traducirse en consecuencias concretas: desde la pérdida de beneficios en el pago de tasas municipales hasta obstáculos en trámites y gestiones ante la autoridad local. Un mecanismo sutil, pero eficaz, que erosiona la autonomía de instituciones que alguna vez fueron un pilar de la vida comunitaria escobarense.