Conectar para Desconectar, ¡nuestro Rincón Literario!

Bienvenidos a «Conectar para Desconectar», un Rincón Literario donde podrás viajar por nuevas sensaciones y emociones a través de notas y poesías de autores locales.

Duende azul

Un duende azul habita dentro de mí. Y son pocas las personas que llegan a conocerlo. Se muestra en sueños, muy rara vez en la realidad.

Cuídate, duende azul. Has abandonado la inmortalidad en bien de una aventura significativa, cuídate de la gente en la noche y de aquellos lobos disfrazados de cordero.

Si alguien llegara tanto a conocerme, de principio a fin, entendería mí debilidad por este escurridizo ser y mí manía de protegerle. Allí, convive mí infancia y el desapego del tiempo.

Soy una extraña mezcla de hombre y ser espiritual del bosque.

El duende azul soy yo, me siento a gusto encontrándole formas nuevas.

Tú misión es estar a mí lado, y mí misión es no perderte.

Amaremos de verdad a pocas almas en la vida, es el precio a pagar por vivir nomás.

Mí duende azul no te dejes ver, la experiencia humana hace mucho daño. No digo que todos, pero la mayoría del mundo está bajo una especie de hechizo. Y te digo duendecillo, no podemos salvarlos. Ni siquiera a veces podemos salvarnos a nosotros mismos.

No salgas, quédate allá, en el sueño….

Matías De Lorenzo

Musical

 

No siempre habrá luz

gracias a la sombra hay luz

la mirada tiene luz

tu mirada debería tener luz

en el encuentro de nuestro interior hay luz

en el propósito hay luz

Así la vida universal nos dio luz

lo aprendido tiene luz

en la crisis hay luz

en el vacío creo luz.

Agus Mendoza

Girasoles

 

Me encuentro a mi mismo

en un vacio oscuro, entre

cuchillos que caen de los pétalos.

ael césped donde la tristeza da abasto.

Ahí hay un señor, quizás muera solo

o se marchite en otoño.

Las abejas chupan y chupan dorado polen

el sol y los arcángeles me carcomen,

espero a que ellos se asomen.

Lucio

Caminando entre monstruos y utopías

Una lágrima se me escapa cuando leo los sonetos que te escribí, cuando las noches eran largas y calurosas en ese norte desértico y peligroso, lleno de agua de mar, dunas de arena y bicicletas de zaguán. Se me inundan los ojos de recuerdos que se hicieron polvo, de manos que se tocaban y de lenguas que lamían.

Todavía me queda impregnada una frase en la mejilla que inundaba tu sonrisa con mis chistes mal contados. Respiro hondo y mi cuerpo tiembla, un instrumento que no conozco me suena en el oído y veo una hoja escrita con cuatro palabras: “la dottoressa in antropologia”.

Me estiro la espalda, bajo los hombros, enciendo un cigarrillo y me sirvo un mate; tiro el humo, me acomodo en la silla, bebo el mate y escribo esta confesión:

No tengo ni la más pálida idea de porque se usa el “punto y coma”, que de lo único que hace acordarme, es de que “quien no se esconde, se embroma” y ahora pienso en unos ojos que me circundan y me giran entorno, como custodiando las palabras que mis dedos, con frío, escriben, y veo cada vez más cascos azules y exacerbación, drogas duras y espíritus dormidos, veo una biblioteca que estalla en llamas y cadenas que nos atan con crueldad.

Freno unos segundos, respiro hondo una vez más y les dejo un abrazo, de esos a los que el miedo le teme:

Nuestra América es y será la revolución en consciencia, desatada de paradigmas ya caducos, de edificios despellejados, de cárceles mundanas que buscan adoctrinar: será tocar la mano de la tierra y hacerse trasportar a un camino al que no sabemos llegar, porque acá las paredes hablan, los ojos besan y las manos sanan, y las imprentas clandestinas siempre estarán, cuando los entes rabiosos del poder vengan a golpear.

Miche