Vecino de La Chechela: «¡No hacen, y cuando lo hacen, lo hacen a medias!»

 

El tema de los microbasurales en Escobar ya no sorprende, pero sí sigue doliendo. Se ha vuelto un paisaje habitual —aunque inaceptable— en numerosos barrios del distrito. En tiempos recientes, su proliferación se ha acelerado, mientras el Estado municipal parece no encontrar una solución definitiva. La desidia avanza, y los basurales crecen.

Desde el Municipio señalan con el dedo a los vecinos: “La culpa es de la gente”, repiten. Y si bien es cierto que la irresponsabilidad de algunos ciudadanos contribuye al deterioro del espacio público, también lo es que la administración local carga con una alta cuota de responsabilidad, ya sea por omisión o por lo que muchos vecinos describen como “una acción a medias”.

Así lo expresó, visiblemente indignado, un vecino del barrio La Chechela en diálogo con Periódico El Cazador, al referirse a un reciente operativo de limpieza:

“¡No hacen, y cuando lo hacen, lo hacen a medias! Me refiero al operativo que hizo la Municipalidad hace unas horas. A fines de abril empezó a acumularse una cantidad impresionante de basura que permaneció durante todo mayo. Recién esta mañana vinieron a limpiar la calle Formosa, entre Belén y Sanguinetti. Pero la imagen habla por sí sola (ver fotografía): el lugar quedó igual o peor. La basura retirada fue apenas una parte, y lo que dejaron en las zanjas es indignante. Así estamos viviendo, y así trabaja la Municipalidad.

Es terrible e inhumano que nos hagan vivir en estas condiciones. Hay ratas, cucarachas, animales hurgando en los residuos. Y encima nos piden que hagamos una denuncia o vayamos a reclamar a tal o cual dependencia municipal. ¿De verdad hay que denunciar lo que salta a la vista? ¿Acaso no lo ven?”

La postal es tan elocuente como dolorosa: la basura no solo ensucia el paisaje, también erosiona la dignidad de quienes viven entre montículos de residuos. Mientras tanto, el reclamo se repite barrio tras barrio. Y la pregunta persiste, sin respuestas: ¿hasta cuándo?

Decíamos el pasado 8 de mayo:

Entre la limpieza y el abandono: señales contradictorias del «Estado Presente»

La suciedad, el desorden y el abandono de los espacios públicos son parte del paisaje cotidiano en numerosos barrios del Partido de Escobar. Basura acumulada, restos de poda desparramados, microbasurales que crecen sin control, calles donde reina la desidia. ¿Quién es responsable de esta realidad? ¿Los vecinos que arrojan residuos en cualquier parte o el Estado municipal que, pese a su constante prédica sobre estar «presente», parece más bien dormido?

Es fácil culpar al ciudadano. Y claro que hay conductas individuales que merecen repudio: hay quienes tiran escombros en descampados, quienes no respetan los días de recolección, quienes convierten veredas y zanjones en vertederos. Pero el comportamiento social, en especial en el espacio público, no surge del vacío: se moldea —y se corrige— a través de la acción (o la inacción) del Estado.

Basta recorrer municipios vecinos como Tigre o Campana para advertir un contraste notable. Todos forman parte del mismo conurbano. Todos están habitados por argentinos, bonaerenses, con niveles similares de educación, cultura y recursos. Y sin embargo, el orden urbano, la limpieza de las calles y la gestión del espacio público cuentan otra historia.

Entonces, ¿qué los diferencia? Simple: en esos distritos hay un Estado que actúa. Un Estado que no solo declama, sino que se ocupa. Que implementa estructuras eficientes, equipos que patrullan, limpian, controlan y previenen. Que lanza campañas de concientización y, al mismo tiempo, responde con rapidez y decisión ante la aparición de basura fuera de lugar. Un papel en el suelo no espera una semana para ser levantado: se retira al instante, porque se comprende que la mugre —al igual que la limpieza— se contagia.

En cambio, en Escobar nos hemos acostumbrado al Estado paquidérmico. Uno que parece más interesado en hacer política que en gestionar lo cotidiano. Que repite slogans sobre el “Estado presente” mientras los vecinos esquivan bolsas de basura en las esquinas o denuncian basurales que crecen sin respuesta. Que invierte en marketing, pero no en barrenderos.

Es hora de volver a lo esencial. A entender que la calidad de vida empieza por lo básico: una calle limpia, un espacio público cuidado, un municipio que no abandone. Porque, como escribió Ortega y Gasset: “Argentinos, a las cosas”. Y en nuestro caso, bien podríamos decir: «Funcionarios escobarenses, a los hechos».